4.01.2005

Misreading


I've been reading through a magnificent anthology of Venezuelan women writers, edited by Yolanda Pantin and Ana Teresa Torres, El hilo de la voz: Antología crítica de escritoras venezolanas del siglo XX (Caracas: Fundación Polar / Angria Ediciones, 2003). It's from a library, so I only have it for a while, but this is a text I'll have to find for myself.

As I was reading the section on Martha Kornblith, however, I realized that I had not mentioned a third book of hers in my previous post, also posthumous: Sesión de endodoncia (Caracas: Grupo Editorial Eclepsidra, 1997). I've only been able to find Oraciones para un dios ausente.

But what I mainly realized is that I had mistranslated a text of hers, a poem called "Saga de la familia." That poem and two others (untitled) had been published in El Nacional in 1996 and I found them reprinted in an anthology of young Latin American writers edited a few years ago in Mexico. In translating her poem, I had missed that "Saga de familia" ended and was followed by two untitled pieces. I had read the asterisk after the final line as a pause. So, my English version of "Family Saga" ended up having two extra sections.

Translator as traitor.

*

Wading through insomnia with books, newspapers (Creeley's obit in today's NYT), poems by Rafael Cadenas and the novel A-B-Sudario by Jacinta Escudos, which I'm mid-way through reading and will write about soon here. I read it with exhiliration, laughing out loud sometimes, engrossed. Tremendo libro. The reason I can't be a critic is because certain books I love instantly I can't be objective about, and hers is one of these.

*

This post was supposed to be about (t)errors, about why I have insomnia, about misreadings and my self-doubts, about survival as arbitrary, about bleakness and its untranslateability into words.

I acknowledge my lack here, acknowledge defeat. My inability to write or read as I'd hoped or imagined I could.

*

Derrota
Rafael Cadenas

Yo que no he tenido nunca un oficio
que ante todo competidor me he sentido débil
que perdí los mejores títulos para la vida
que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución)
que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos
que me arrimo a las paredes para no caer del todo
que soy objeto de risa para mí mismo que creí
que mi padre era eterno
que he sido humillado por profesores de literatura
que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada
que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida
que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo
que tengo vergüenza por actos que no he cometido
que poco me ha faltado para echar a correr por la calle
que he perdido un centro que nunca tuve
que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo
que no encontraré nunca quién me soporte
que fui preterido en aras de personas más miserables que yo
que seguiré toda la vida así y que el año entrante seré muchas veces más burlado en mi ridícula ambición
que estoy cansado de recibir consejos de otros más aletargados que yo («Ud. es muy quedado, avíspese, despierte»)
que nunca podré viajar a la India
que he recibido favores sin dar nada en cambio
que ando por la ciudad de un lado a otro como una pluma
que me dejo llevar por los otros
que no tengo personalidad ni quiero tenerla
que todo el día tapo mi rebelión
que no me he ido a las guerrillas
que no he hecho nada por mi pueblo
que no soy de las FALN y me desespero por todas estas cosas y por otras cuya enumeración sería interminable
que no puedo salir de mi prisión
que he sido dado de baja en todas partes por inútil
que en realidad no he podido casarme ni ir a París ni tener un día sereno
que me niego a reconocer los hechos
que siempre babeo sobre mi historia
que soy imbécil y más que imbécil de nacimiento
que perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo
que no lloro cuando siento deseos de hacerlo
que llego tarde a todo
que he sido arruinado por tantas marchas y contramarchas
que ansío la inmovilidad perfecta y la prisa impecable
que no soy lo que soy ni lo que no soy
que a pesar de todo tengo un orgullo satánico aunque a ciertas horas haya sido humilde hasta igualarme a las piedras
que he vivido quince años en el mismo círculo
que me creí predestinado para algo fuera de lo común y nada he logrado
que nunca usaré corbata
que no encuentro mi cuerpo
que he percibido por relámpagos mi falsedad y no he podido derribarme, barrer todo y crear de mi indolencia, mi
flotación, mi extravío una frescura nueva, y obstinadamente me suicido al alcance de la mano
me levantaré del suelo más ridículo todavía para seguir burlándome de los otros y de mí hasta el día del juicio final.

(1963)

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