3.24.2020

La pandemia / Armando Rojas Guardia

The Pandemic

The pandemic brings us back, even without our voluntarily intention, to the cosmic sense of existence. The same one I learned how to notice and savor, at age seventeen, while reading Teilhard de Chardin: the vital consciousness of belonging to “that secret and conjectured object whose name is common to all men but that no man has looked upon— the unimaginable universe,” as Borges defines it in “The Aleph,” confessing how he “felt dizzy and wept.” A minuscule microbe, a diminutive virus, present in the air we all breathe and which provokes in us the imminence of contagion, illness and even death, has given us a glimpse of the fear, and also at times the enjoyment, of knowing we are integrated to magnitudes that exist beyond our individual parcels, the private confinement where our mental life develops. In the contemporary West everything revolves around the hypertrophying of individual consciousness. Neither Oedipus, Electra, Orestes or Medea are self-aware characters in the manner that Hamlet is, for example. This is why Hamlet is, along with Quixote, Don Juan and Faust, one of the four great myths of the contemporary West. It’s the hypertrophying of self-awareness that vetoes and impedes direct, spontaneous and elemental contact with the materiality of the universe, that is now shattered by the work and grace of the virus.

Suddenly our self-aware sufficiency trembles in the face of the unexpected, physical graze of a natural order that overwhelms, ignores and threatens us.

The occasion is also propitious for a return to “amor fati,” practiced and lived by the Stoics, in particular Marcus Aurelius. “The love for the city of the universe, native soil, beloved homeland of all souls, beloved for its beauty, in the total integrity of order and need that constitutes its substance, with all the events produced within it.” (Simone Weil) The love for the organic Everything of which we are a part, within which absolutely everything that exists is interlaced in any area or level we might conceive, and including the direction of the events emanating from it: that factual, teleological configuration called “fate”: the set of what happens and what cannot happen: “fate” as the real itself: not just another cause, but the set of them all. This, precisely, is “amor fati,” by which we commune nuptially with cosmic orientation, even when it might lacerate us at times: the Greek dramatists teach us how tragic stature is achieved by making liberty and fate enter into communion, within the very density of our psyche. This vast and palpitating universal All, governed by the mechanics of Necessity, is the object of the explicit enamoring of God. God is enamored of the universe He created, as seen in the testimony of the Book of Job, which is, for G.K. Chesterton, “a sort of psalm or rhapsody of the sense of wonder. The maker of all things is astonished at the things he has Himself made.” The sudden fact that a pandemic, globalized among us like never before, connects us with metaphysical awe constitutes an unforgettable moral lesson from now on and forever.


*


La pandemia

La pandemia nos devuelve, aun sin nosotros voluntariamente pretenderlo, al sentido cósmico de la existencia. El mismo que aprendí a captar y paladear, a mis diecisiete años de edad, leyendo a Teilhard de Chardin: la conciencia vital de pertenecer a "ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo", según lo define, confesando que lo hace "con vértigo y llanto", Jorge Luis Borges en "El Aleph". Un minúsculo microbio, un virus diminuto, presente en el aire que todos respiramos y que provoca en nosotros la inminencia del contagio, la enfermedad e incluso la muerte, nos ha hecho vislumbrar el espanto, y también por momentos el gozo, de sabernos integrados a magnitudes que existen más allá de nuestro parcelamiento individual, del confinamiento privado donde se desarrollaba nuestra vida mental. En el Occidente moderno todo gira en torno a la hipertrofia de la conciencia individual. Ni Edipo, ni Electra, ni Orestes, ni Medea son personajes autoconscientes en la media en que lo es, por ejemplo, Hamlet. Por eso mismo Hamlet es, con el Quijote, Don Juan y Fausto, uno de los cuatro grandes mitos del Occidente moderno. Es esa hipertrofia de la autoconciencia, que nos veta e impide el contacto directo, espontáneo y elemental con la materialidad del universo, lo que ahora salta en pedazos por obra y gracia del virus.

De pronto nuestra suficiencia autoconsciente tiembla ante el roce físico, inesperado, de un orden natural que nos sobrepasa, nos ignora y nos amenaza.

La ocasión es propicia para devolvernos también al "amor fati", practicado y vivido por los estoicos, en especial Marco Aurelio. "El amor por la ciudad del universo, tierra natal, patria bienamada de toda alma, querida por su belleza, en la total integridad del orden y la necesidad que constituyen su sustancia, con todos los acontecimientos que en ella se producen" (Simone Weil). El amor hacia el Todo orgánico del que formamos parte, dentro del cual absolutamente cuanto existe está entrelazado en cualquier área o nivel que podamos concebir, y que incluye la dirección de los sucesos emanados de él: esa configuración fáctica, teleologica, denominada "destino": el conjunto de lo que sucede y que no puede no suceder: el "destino" como lo real mismo: no una causa más, sino el conjunto de todas. Este es precisamente el "amor fati", a través del cual comulgamos nupcialmente con la orientación cósmica, aun cuando ella por instantes nos lacere: los dramaturgos griegos nos enseñan cómo se alcanza la estatura trágica haciendo que entren en comunión, en el espesor mismo de nuestro psiquismo, la libertad y el destino. Este vasto y palpitante Todo universal, gobernado por la mecánica de la Necesidad, es el objeto del enamoramiento explícito de Dios. Dios está enamorado del universo que creó, como lo testimonia el Libro de Job, el cual, para G. K. Chesterton, es "una especie de salmo o rapsodia del sentido del asombro. El hacedor de todas las cosas se muestra sorprendido ante las cosas que él mismo hizo". El hecho súbito de que una pandemia, globalizada en medio de nosotros como nunca antes, nos conecte con ese asombro metafísico constituye una lección moral desde ahora y para siempre inolvidable.




[Translator’s note: I have used the Norman Thomas Di Giovanni translation of Borges.]




{ Armando Rojas Guardia, Facebook, 18 March 2020 }

2.23.2020

Ovidio en Cabimbú / Ednodio Quintero

Ovid in Cabimbú

In a distant, ruined and today nearly forgotten country where people said there’d once been a paradise, the poet laureate, famous for his Elegy on the Death of the Last Horse, refused to prostrate himself at the feet of the tyrant, and as expected of the despicable charmer, the distinguished bard was exiled to a gloomy plateau in the western mountain ranges. At first, defeated, he thought he’d never endure such solitude and the intense cold that soaked into his bones. And yet, sooner than later he adapted to the difficulties and penuries of that type of life. Twenty years later, when the tyrant was assassinated in an uprising by one of his henchmen and dragged through the streets like a dog, a committee from the new regime presented itself at the poet’s premises with the purpose of offering him a return home, to the prerogatives of which he had been stripped and all the honors he deserved. The poet refused to receive them because there in that remote place among the rocky peaks, goats and fog he had found, at last, some peace and calm.

*

Ovidio en Cabimbú

En un lejano, destartalado y hoy casi olvidado país donde se decía que antaño había estado el paraíso, el poeta laureado, famoso por su Elegía a la muerte del último caballo, se negó a prosternarse a los pies del tirano, y como era de esperar del infame marrullero, el insigne vate fue desterrado a un páramo lóbrego en la cordillera occidental. Al principio, abatido, pensaba que no podría soportar semejante soledad y el intenso frío que calaba los huesos. Sin embargo, más temprano que tarde se adaptó a las incomodidades y penurias de aquella forma de vida. Veinte años después, cuando el tirano fue asesinado en una revuelta por uno de sus espalderos y arrastrado por las calles al igual que un perro, una comitiva del nuevo régimen se presentó en los predios del poeta con el propósito de ofrecerle la vuelta a casa, las prerrogativas de las que había sido despojado y todos los honores que se merecía. El poeta se negó a recibirlos pues en aquel apartado lugar entre farallones, cabras y nieblas había encontrado, al fin, sosiego y paz.




{ Ednodio Quintero, Papel Literario, El Nacional, 23 February 2020 }

1.18.2020

Confesiones de un papelero estrafalario / Víctor Valera Mora

Confessions of an Eccentric Stationer

                                                  to old Caupo, to Elí and Aquiles

I confess my already famous stubbornness
will allow me to one day
lead the motherland of papers through the desert

I confess my discredit has no limits
that I am disdainful in how I dress
what you might call a fashion disaster

I confess I enjoy spending time
with old indictments and my friends
and songs that soothe the soul
and drinks and matters of the heart
and not hanging onto a tie rack weeping

I confess the novel walks faster than poetry
but doesn’t reach as far
that in my first million years
of posterity I’ll be called
the impeccable gentleman of darkness

*

Confesiones de un papelero estrafalario

                                                  al viejo Caupo, a Elí y Aquiles

Confieso que mi ya famosa terquedad
ha de permitirme un día
conducir la patria de papeles por un desierto

Confieso que me desprestigio no tiene límites
que soy desdeñoso en el vestir
lo que se dice un desastre de la moda

Confieso que me gusta estar
entre mis viejos alegatos y los amigos
y las canciones que dan en el alma
y los tragos y los asuntos del corazón
y no colgar deshecho en llanto de una viga de corbatas

Confieso que la novela camina más rápido que la poesía
pero no llega tan lejos
que en mi primer millón de años
de posteridad seré llamado
el impecable caballero de las tinieblas




70 poemas stalinistas (1979)




{ Víctor Valera Mora, Obras completas, Caracas: Fondo Editorial Fundarte, 1994 }

12.30.2019

Roma /10/1/73 / Víctor Valera Mora

Rome /1/10/73

This cigarette butt
This little bit of ground coffee
This cherry yogurt
These few grains of salt
This fistful
These chamomile flowers
These grains of rice
This ration of semolina pasta
These two fingers of olive oil
This piece of old bread
This chunk of parmesan cheese
That rose in the waters of the Aniene
This bronchial roar
This cold that digs in
This anger that infected me last night
because of the Roman girl’s treachery
These knives

*

Roma /10/1/73

Esta colilla de cigarrillo
Este poquito de café en polvo
Este yogurt de cerezas
Estos contados granos de sal
Este puñado
Estas flores de manzanilla
Estos granos de arroz
Esta ración de pasta de sémola
Estos dos dedos de aceite de oliva
Este pedazo de pan viejo
Este trocito de queso parmesano
Esa rosa en las aguas del Aniene
Este rugido bronquial
Este frío que cala hondo
Esta arrechera cogida anoche
por culpa de la malinche romana
Estas navajas




70 poemas stalinistas (1979)




{ Víctor Valera Mora, Obras completas, Caracas: Fondo Editorial Fundarte, 1994 }

12.01.2019

Navegaciones / Eugenio Montejo

Navigations

Returning at night
when the trees stand watch
turning off the lamps one by one
and declining shutters darken,
men and their footsteps are clearer,
their reflections more vivid.

Each man is a star, a lived-in cosmos
fixed on the wheel of the fog.
Each one comes back at night
from high navigations
with a dog or a diary.
His greatest distance made of words,
what he says to himself, what’s left
floating in his echoes.

Some in their orbits gather
and shine for an instant
with a denser glow.
Some are visible still
at the end of the street,
but then they disappear.

*

Navegaciones

De regreso en la noche,
cuando los árboles en vela
apagan una a una las lámparas
y declinantes postigos se oscurecen,
son más claros los hombres y sus pasos,
más vivo su reflejo.

Cada hombre es un astro, un cosmos habitado
fijo en la rueda de la niebla.
Cada uno en la noche retorna
de altas navegaciones
con un perro o un diario.
Su mayor lejanía es de palabras,
lo que a solas se dice, lo que queda
flotando entre sus ecos.

Algunos en sus órbitas se juntan
y brillan un instante
con un fulgor más denso.
Algunos son visibles todavía
al final de la calle,
pero después desaparecen.




Algunas palabras (1976)




{ Eugenio Montejo, Antología, Caracas: Monte Ávila Editores, 1996 }

11.20.2019

Noche natal / Eugenio Montejo

Native Night

Caracas was further away
than anything I’d ever dreamed of in my nothingness,
that’s why it was night when I arrived
and the streets were deserted,
not a single person;
it was so late the floating dispersed
stones never saw me
being born at the foot of the mountain.
The tallest houses seemed,
to my thirst for space,
so much bigger than my mother.
The moon moved slowly
with a candle in its hands.
The trees were talking to themselves
about the war in Spain.
I was cold,
I was tired from the trip...
And as soon as I arrived I fell asleep
so deeply
I’m still not sure I’ve woken up from that night,
because in the distance
I keep hearing its roosters.

*

Noche natal

Caracas quedaba más lejos
que cuanto yo soñé desde la nada,
por eso al llegar era noche
y las calles estaban desiertas,
sin nadie;
era tan tarde que las piedras
flotando disueltas no me vieron
nacer al pie de la montaña.
Las casas más altas parecían,
para mi sed de espacio,
mucho más grandes que mi madre.
A paso lento iba la luna
con una vela entre las manos.
Los árboles hablaban a solas
de la guerra de España.
Yo tenía frío,
estaba cansado del viaje...
Y apenas llegado me dormí
tan hondamente
que aún no sé si despierto de esa noche,
porque a lo lejos
sigo oyendo sus gallos.




Terredad (1978)




{ Eugenio Montejo, Antología, Caracas: Monte Ávila Editores, 1996 }

11.03.2019

Si vuelvo alguna vez / Eugenio Montejo

If I Ever Return

If I ever return
it’ll be for the birdsong.
Not for the trees that will depart with me
or eventually visit me in autumn,
nor by the rivers that, underground,
continue to speak to us with their sharpest voices.
If I finally return corporeal or disembodied,
levitating within myself,
though I won’t hear anything from my absence,
I know my voice will be found beside their choruses
and I’ll return, if I’m meant to return, for them;
what was life within me won’t stop being celebrated,
I will inhabit the most innocent of their cantos.


*


Si vuelvo alguna vez

Si vuelvo alguna vez
será por el canto de los pájaros.
No por los árboles que han de partir conmigo
o irán después a visitarme en el otoño,
ni por los ríos que, bajo tierra,
siguen hablándonos con sus voces más nítidas.
Si al fin regreso corpóreo o incorpóreo,
levitando en mí mismo,
aunque ya nada logre oír desde la ausencia,
sé que mi voz se hallará al lado de sus coros
y volveré, si he de volver, por ellos;
lo que fue vida en mí no cesará de celebrarse,
habitaré el más inocente de sus cantos.




Trópico absoluto (1982)




{ Eugenio Montejo, Antología, Caracas: Monte Ávila Editores, 1996 }

10.19.2019

Práctica del mundo / Eugenio Montejo

Practice of the World

Write clearly, God doesn’t wear eyeglasses.
Don’t translate your deep music
into numbers and codes.
Words are born through touch.
The sea you watch runs ahead of its waves,
why would you want to reach it?
Listen to it in the chorus of the palms.
What’s visible in the flower, in woman,
rests on the invisible,
what turns in the stars wants to stop.
Prefer your silence and let yourself roll,
the theory of the stone is most practical.
Recount the dream of your life
with the clouds’ slow vowels
that come and go drawing the world
without adding a single line of shade
to its natural mystery.


*


Práctica del mundo

Escribe claro, Dios no tiene anteojos.
No traduzcas tu música profunda
a números y claves,
las palabras nacen por el tacto.
El mar que ves corre delante de sus olas,
¿para qué has de alcanzarlo?
Escúchalo en el coro de las palmas.
Lo que es visible en la flor, en la mujer,
reposa en lo invisible,
lo que gira en los astros quiere detenerse.
Prefiere tu silencio y déjate rodar,
la teoría de la piedra es más práctica.
Relata el sueño de tu vida
con las lentas vocales de las nubes
que van y vienen dibujando el mundo
sin añadir ni una línea más de sombra
a su misterio natural.




Trópico absoluto (1982)




{ Eugenio Montejo, Antología, Caracas: Monte Ávila Editores, 1996 }

9.01.2019

A Victoria de Stefano / Ednodio Quintero

To Victoria de Stefano

                                   [Photo: Vasco Szinetar]

Reading Victoria de Stefano is a privilege, an aesthetic experience, a delight for the senses. Ever since I discovered her opera magna, Historias de la marcha a pie (1997), I haven’t stopped frequenting the pages of our writer like a swimmer who heads into deeper waters. And if I had to find a couple adjectives to define Victoria’s writing, density and intensity would work. Her prose, referring to just one aspect of the qualities of a unique, original work that flies high, possesses a frenetic rhythm and an astonishing conceptual wealth, possesses allure, fluidity, linguistic complexities and allows itself to be read with the joy we tend to feel when revisiting classics.

Victoria de Stefano is born in 1940 in Rimini, Italy, and her mother tongue is obviously Italian. Thrown into exile at the end of the war, she lands in Caracas at age six and according to her own testimony she “forgets” her first tongue and acquires the sweet and melodic speech of caraqueños. Ever since she was a girl she writes in Spanish, a “borrowed” language.

In Idea of Prose, Giorgio Agamben, citing Paul Celan when he affirms, “Truth can only be spoken in the mother tongue,” proposes a fascinating topic regarding the acquisition and use of language, particularly in cases of bilingualism. Following Celan, my hypothesis is that Victoria conserves in some place of her memory the sonority and enchantment of her mother tongue, and this in turn flowers joyously for our delight in her writing’s splendor.


*


A Victoria de Stefano

Leer a Victoria de Stefano es un privilegio, una experiencia estética, un goce de los sentidos. Desde que descubrí su opera magna, Historias de la marcha a pie (1997), no he dejado de frecuentar las páginas de nuestra escritora como un nadador que se adentra en aguas profundas. Pues si hubiera que buscar un adjetivo, o dos, para definir la escritura de Victoria, nos bastaría con densidad e intensidad. Su prosa, para referirnos apenas a un aspecto de las cualidades de una escritura única, original y de alto vuelo, posee un ritmo trepidante y una asombrosa riqueza conceptual, posee hechizo, fluidez, complejidades lingüísticas y se deja leer con la alegría con que solemos revisitar a los clásicos.

Victoria de Stefano nace en 1940 en Rímini, Italia, y su lengua materna es obviamente el italiano. Aventada al exilio luego del final de la guerra, a los seis años recala en Caracas y según su propio testimonio “olvida” su lengua originaria y adquiere el dulce y melodioso hablar de los caraqueños. Desde niña escribe en español, un idioma “prestado”.

En Idea de la prosa, Giorgio Agamben, citando a Paul Celan cuando afirma “Solo en la lengua materna puede decirse la verdad”, plantea un tema fascinante acerca de la adquisición y uso del lenguaje, en particular en los casos de bilingüismo. Siguiendo a Celan, mi hipótesis es que Victoria conserva en algún lugar de su memoria la sonoridad y el encanto de su lengua materna, y esta para nuestro deleite aflora gozosa en el esplendor de su escritura.

{ Ednodio Quintero, Papel Literario, El Nacional, 1 September 2019 }

7.23.2019

Venezuela en verso / Javier Rodríguez Marcos

Venezuela in Verse


Venezuela has become a powerhouse of the poetry in Spanish that is relatively well-represented in Spain from a publishing point of view. Joining anthologies such as La poesía del siglo XX en Venezuela (Visor, 2005), selected by Rafael Arráiz Lucca, and Conversación con la intemperie (Galaxia Gutenberg, 2008), under the care of Gustavo Guerrero, we now have Rasgos comunes, a monumental volume that extends from Francisco Lazo Martí, born in 1869 and died in 1909, to Luis Enrique Belmonte, born in 1971. Antonio López Ortega, Miguel Gomes and Gina Saraceni have completed their selection with figures such as Enriqueta Arvelo Larriva, José Antonio Ramos Sucre, Vicente Gerbasi, Juan Sánchez Peláez —­honored in the book’s title—, Rafael Cadenas, Guillermo Sucre, Eugenio Montejo, Igor Barreto, Ana Nuño or Alejandro Oliveros. Between the amorous (and dolorous) intimacy of Arvelo Larriva and the Anglo-Saxon tinged narrativity of Oliveros there’s an entire century of poetry with all its seasons: surrealist, metaphysical, popular...

If I had to choose one living name, it would be Yolanda Pantin (Caracas, 1954), who dominates the art of conjugating mystery and realism, irony and emotion, and the author of at least one masterpiece: the book Correo del corazón. Her poetry is collected in País (Pre-Textos, 2014).


{ Javier Rodríguez Marcos, El País, Babelia, 19 July 2019 }

6.18.2019

Caracas ha muerto / Alonso Moleiro

Caracas Has Died

Caracas loses its hemodynamics. Its fury decomposes. Its vital signs are flattened. It’s losing its vitamins. Its defenses were extinguished. Its streets are emptying. Its animal and vegetal environment becomes more notorious. It was kidnapped by silence. It’s not as chaotic anymore. Caracas no longer speaks. It’s gone into a coma.

A bitter placidness, with a taste of paradox, dominates the spirit of the streets and avenues of Caracas at this moment. Many weekdays seem like Saturdays. Many businesses have closed their doors. Bands of happy parrots furrow its sky in the afternoons, like an ironic counterpoint. Like its only novelty. Six o’clock traffic has been liquified. You hardly ever hear music. People don’t enjoy themselves. The night is an enigma few want to decipher.

Caracas is past. It reminds us of moments. In its neighborhoods and residential areas, in its bakeries, plazas, clubs, parks and boulevards you can hear, above all, the echo of those who are no longer with us. Of those who left the country and those who left this world. This city became a postcard.

Caracas has died. At night, its inhabitants keep holding a vigil for it.

*

Caracas ha muerto

Caracas pierde su hemodinamia. Se desconfigura su furia. Se achatan sus signos vitales. Se le van las vitaminas. Se extinguieron sus defensas. Sus calles se vacían. Se hace más notorio su entorno animal y vegetal. La secuestró el silencio. Ya no es tan caótica. Caracas ya no habla. Ha entrado en coma.

Una amarga placidez, con sabor a paradoja, domina en estos momentos, el ánimo de las calles y avenidas de Caracas. Muchos días laborales parecen sábados. Muchos negocios han cerrado sus puertas. Bandadas de loros felices surcan su cielo en tardes, como irónico contrapunto. Como única novedad. El tráfico de las seis de la tarde ha quedado licuado. Es infrecuente escuchar música. Los domingos nacen muertos. La gente no se divierte. La noche es un enigma que pocos quieren descifrar.

Caracas es pasado. Nos recuerda momentos. En sus urbanizaciones, en sus zonas residenciales, en sus panaderías, plazas, clubes, parques y bulevares se escucha, sobre todo, el eco de los que ya no están con nosotros. De los que se fueron del país y de los que se fueron de este mundo. Esta ciudad se volvió una postal.

Caracas ha muerto. De noche, sus habitantes la siguen velando.




{ Alonso Moleiro, Papel Literario, El Nacional, 16 June 2019 }

6.17.2019

En la oscurana / Ednodio Quintero

In the Gloom

By candlelight, as if we were devotees of Saint Gaston Bachelard, my beloved Rosbelis and I sit down to share our cold frugal dinner: chopped potatoes, onions and tomatoes, canned sardines and picante sauce from Trujillo (we have no electricity or gas, and we still resist the idea of making a bonfire out of the library panels on the balcony terrace). While we savor our exquisite meal, out there in the immediate shadows that settle over the city, you can hear something like the roar of tin pan drums followed by shouts of cheering and rage that bring to mind so-and-so’s mother. Later on, at the edge of midnight, we read aloud to each other under the covers. I read a few pages from Imaginary Lives by Marcel Schwob, and Rosbelis reads “The Storyteller” from the book Illuminations by Walter Benjamin. We end up falling asleep knowing the sun will rise tomorrow, and nothing and no one will ever take the light that comes from high up in the sky away from us.

*

En la oscurana

A la llama de una vela, como si fuéramos devotos de san Gaston Bachelard, mi amada Rosbelis y yo nos sentamos a compartir nuestra frugal cena fría: papas, cebollas y tomates picados, sardina en lata y picante trujillano (carecemos de electricidad y gas, y todavía nos resistimos a la idea de hacer una fogata con las tablas de la biblioteca en la terraza del balcón). Mientras saboreamos nuestro exquisito manjar, allá afuera, en la tiniebla inmediata que se cierne sobre la ciudad, se escucha el resonar como de tambores de hojalata seguido de gritos de júbilo y rabia que le recuerdan la mamá a un fulano de tal. Más tarde, al filo de la medianoche, metidos entre las cobijas intercambiamos lecturas en voz alta. Yo leo unas páginas de Biografías imaginarias de Marcel Schowb, y Rosbelis lee “El narrador” del libro Iluminaciones de Walter Benjamin. Al fin nos quedamos dormidos sabiendo que mañana saldrá el sol, y esa luz que viene del alto cielo nada ni nadie nos la arrebatará.




{ Ednodio Quintero, Papel Literario, El Nacional, 9 June 2019 }

5.28.2019

Casi un país (16) / Elizabeth Schön

Almost A Country (16)

     Juan has arrived punctually. I like his suit, it’s the color of medlar. He doesn’t say a word to me; but it doesn’t matter.
     We stroll through Plaza Altamira. A green grass, with yellow tones, surrounds the plaza. There are bushes, round pines, benches. The obelisk is a mast, an immense needle. Beyond the avenues, many buildings lift themselves up, with balconies, doors and ferns the breeze moves.
     We sit down on a bench. The pond, placed in the center of the plaza, is wide, long; the sun penetrates there and transforms itself, beneath the water, into a white shell. A small boat, with a yellow chimney, sails slowly, its dark anchors and the metallic rigging. It stumbles into the shore and stays still; around it: water, space, sky too high above, with the stars hidden amid the clouds.
     Juan stands up. He runs to the corner. He chooses a fallen branch and begins to touch it.
     Then he puts something warm into my hands, somewhat scratchy, it’s a nest full of newborn pigeons! I imagine the sun must have been like this when it was born and they placed it above the earth.

*

Casi un país (16)

     Juan ha llegado puntualmente. Me agrada su traje, tiene el color del níspero. No me dirige la palabra, pero no importa.
     Paseamos por la Plaza de Altamira. Una grama verde, con tonos amarillos, rodea la plaza. Hay arbustos, pinos redondos, bancos. El obelisco es un mástil, una aguja inmensa. Más allá de las avenidas, se encumbran muchos edificios, con balcones, puertas y helechos que la brisa mueve.
     Nos sentamos en un banco. El estanque, colocado en el centro de la plaza, es ancho, largo; el sol penetra allí y se transforma, debajo del agua, en una cáscara blanca. Un barco pequeño, con una chimenea amarilla, navega lentamente, sus anclas oscuras y las jarcias metálicas. Tropieza con la orilla y queda fijo; a su alrededor: agua, espacio, cielo demasiado arriba, con las estrellas ocultas entre las nubes.
     Juan se pone de pie. Corre hacia la esquina. Escoge una rama caída y comienza a tocarla.
     Después coloca en mis manos algo tibio, un tanto carrasposo, ¡es un nido lleno de pichones recién nacidos! Me imagino que así debió ser el sol cuando nació y lo pusieron sobre la tierra.




1972




Translator’s note: The English version this poem was originally published in Typo, issue 18 (2013).




{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }

5.27.2019

Casi un país (15) / Elizabeth Schön

Almost A Country (15)

     In a doorway a boy is playing with a perinola, its cord is bending with such agility, growing, curving, while the boy is immobile, doesn’t laugh, doesn’t speak, remains alert to the thread that stretches, shrinks, forms a circumference transfused by clarity and untouched by the wind.

*

Casi un país (15)

     En un portón un niño juega con una perinola, su hilo ágilmente se dobla, se alarga, se curva, mientras el niño inmóvil, no ríe, no habla, permanece alerta al hilo que se estira, se encoge, forma una circunferencia que la claridad traspasa y que el viento no destroza.




1972




{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }

5.18.2019

Casi un país (14) / Elizabeth Schön

Almost A Country (14)

     Maybe pushed by the wind, by the crowds, I have arrived at 23 de enero.
     23 de enero is one of the most populated places in Caracas, as populated as the bottom of the sea, like the universe with all its stars, asteroids and galaxies.
     Its buildings are immense transatlantic ships that, having anchored at high sea, now wait for their passengers to exit and climb aboard.

*

Casi un país (14)

     Tal vez empujada por el viento, la multitud, he llegado al 23 de enero.
     El 23 de enero es uno de los lugares más poblados de Caracas, tan poblado como el fondo del mar, como el universo con todos sus astros, asteroides y galaxias.
     Sus edificios son trasatlánticos inmensos que, anclados en alta mar, aguardan la salida y el abordaje de sus pasajeros.




1972




{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }

5.05.2019

Casi un país (13) / Elizabeth Schön

Almost A Country (13)

     Could I be a descendant of Humboldt, the man who discovered rivers, jungles, mountains, caves?

*

Casi un país (13)

     ¿Seré descendiente de Humboldt, ese hombre que descubrió ríos, selvas, montañas, cuevas?




1972




{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }

4.27.2019

Casi un país (12) / Elizabeth Schön

Almost A Country (12)

     A bicycle is a huge seahorse, descending the tunnel. The air has the solidity of a feather. I want to touch that post over there, I run, I feel it. I go on, I’m so happy to feel myself move towards that corner and then the other one and the one I can’t even see! I have no impediments. Impediments disturb, they block any enjoyment of the fresh clean day, so full of sun and breeze.
     I bump into an empanada & snack cart. Several workers are busy on the construction site for a building. Others are delineating the edges of the sidewalk and another group paints the lines marking the curve or the avenue lanes.
     I’m standing in front of the Museo de Bellas Artes, white: a cloud, a seed of the whitest fruit.
     I enter. Its corridors smell like a prairie full of wild grass, the water in its pond has the flavor of refuge. The wind unspools, someone in search of a shelter that will always protect them.


*

Casi un país (12)

     Una bicicleta es un hipocampo inmenso, que baja por el túnel. El aire tiene la solidez de la pluma. Quiero tocar aquel poste, corro, lo palpo. Sigo, ¡cómo me alegra sentir que voy hacia la esquina y hacia la otra esquina y aun hacia la que no atisbo! No tengo impedimentos. Los impedimentos estorban, impiden que se disfrute del día fresco, limpio, pleno de sol y brisa.
     Tropiezo con un latón de dulces y empanadas. Varios obreros trabajan en la construcción de un edificio. Otros delinean los bordes de las aceras y otros marcan las rayas que indican la curva o el margen libre de las avenidas.
     Estoy frente al Museo de Bellas Artes, blanco: nube, semilla del fruto más blanco.
     Entro. Sus corredores huelen a prado cubierto de hierba, el agua de su estanque tiene el sabor del remanso. El viento se desliza, es alguien en busca del albergue que para siempre lo protegerá.




1972




{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }

4.14.2019

Casi un país (11) / Elizabeth Schön

Almost A Country (11)

     I step onto Urdaneta Avenue. The crowd crosses it avidly, promptly, as if wanting to find out where it ends. The blocks are wide. Such tall buildings jut out from both sides, others are short, squares that look like the boxes where they display apples. Some of them possess the slenderness of an ear of corn, all of them have as many holes as fishing nets do.
     I discern spacious plots, with no construction yet. The tower of the Santa Capilla church is sharp, fine, an immense splinter that doesn’t scratch, that doesn’t injure; a guard that never abandons his post. There’s the Central Post Office building, not very tall, robust… a well-fed lamb sleeping peacefully. Everywhere I look I discover different dimensions, but where does my notion of immensity, of largeness, of narrowness, of lowness come from?

*

Casi un país (11)

     Entro en la avenida Urdaneta. La muchedumbre la recorre con avidez, con prontitud, como queriendo conocer dónde concluye. Las cuadras son anchas. En ambos lados sobresalen edificios muy altos, otros son bajos, cuadrados parecidos a los cajones donde exhiben las manzanas. Algunos poseen la esbeltez de la espiga del maíz, todos tienen tantísimas ventanas como agujeros hay en las redes de pescar.
     Diviso terrenos espaciosos, aún sin edificar. La torre de la iglesia de la Santa Capilla es aguda, fina, una astilla inmensa que no roza, que no hiere; un vigilante que nunca abandona su puesto. Está el edificio del Correo Principal, no muy alto, fornido... un cordero que duerme apaciblemente, bien nutrido. Hacia donde miro descubro dimensiones distintas, pero ¿de dónde me nace la noción de los inmenso, de lo grande, de lo angosto, de lo bajo?




1972




{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }

4.07.2019

Casi un país (10) / Elizabeth Schön

Almost A Country (10)

     I have arrived at Plaza Capuchinos.
     The church has something of a sleeping ox, its tower reminds me of the peace of lonesome roads.
     People walk through the plaza’s shaded paths. I wonder if they carry a lily, a utensil they hope to deposit in some spot on earth.
     The dovecotes stand out within the branches, clusters confuse themselves with the straw of the nests; the leaves mix with the excrement of the pigeons that fly toward empty spaces, they’re cups the wind lifts up to give away, in the mountains, in towns.
     No one stops to look at the belfry. The majority walk by, as though pushed forward by an endless blizzard.
     Boys, girls, adults, all follow their paths across San Martín Avenue; I know each one carries feelings, desires, secrets within, and all of them recede, are diluted in the tumult, like the sound of a voice dissolves when a scream shouts in the jungle.
     Is it possible for so many beings to live, to walk, speak, greet and then continue on their paths without even returning, without even recalling?


*


Casi un país (10)

     He llegado a la Plaza de Capuchinos.
     La iglesia tiene algo de buey dormido, su torre me recuerda la paz de los caminos solitarios.
     Los hombres andan por los senderos sombreados de la plaza, pienso si llevan consigo una azucena, un utensilio que, en algún lugar de la tierra, quieren depositar.
     Los palomares descuellan dentro de los ramajes; los gajos se confunden con la paja de los nidos; las hojas se mezclan con el excremento de las palomas que vuelan hacia los espacios, son tazas que el viento levanta para regarlas, en las montañas, en los pueblos.
     Nadie se detiene a mirar el campanario. La mayoría camina, como empujada por una ventisca que jamás se detuviera.
     Muchachos, muchachas, adultos, siguen sus rumbos a través de la avenida San Martín; sé que cada cual lleva consigo sentimientos, fe, anhelos, secretos, mas todos se alejan, se diluyen en el tumulto, como se disuelve el sonido de la voz si se lanza un grito en la selva.
     ¿Es posible que vivan tantos seres que andan, hablan, saludan y después prosiguen sus rutas sin, tal vez, regresar, sin tal vez, recordar?




1972




{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }

1.01.2019

Casi un país (9) / Elizabeth Schön

Almost A Country (9)

     “Lucía, tomorrow will be another day and it’s as if we told each other: tomorrow we’ll stare at the leaf we weren’t able to contemplate today, the grain hidden beneath the corn seedbed.”
     “Once the night has passed, the sun will shine again, and we’ll go out and admire the city where the beings march, sometimes silently, sometimes greeting each other, chatting, always without stopping.”
     “Do you remember that man with a flour sack hanging from his shoulder, who picked through a pile of empty cans with his mangy cane? The man who didn’t speak. In rags, he had a long, dark beard; his hair covered parts of his ears. His skin had the resistance of an excessively archaic wall. We spoke to him and he just stared at us. I’ll never forget the gleam of his pupils, it was a gleam that reflected a very deep pain yet supported itself calmly, in stillness, while he stirred the cans and the smell of tar spread throughout space.”
     Night begins. Look at the cloud enveloping Mount Ávila’s peak! There, between the cloud and the peak, the first star has appeared. It’s a small star, a luminous boat shaped like a drop of water.


*

Casi un país (9)

     —Lucía, mañana será otro día y es como si ambos nos dijéramos: mañana miraremos la hoja que hoy no pudimos contemplar, aquel grano que permaneció escondido debajo del almácigo de maíz.
     —Pasada la noche, el sol alumbrará de nuevo, y volveremos a salir y admiraremos la ciudad donde marchan los seres, a veces callados, a veces saludando, charlando, mas siempre sin detenerse.
     —¿Recuerdas aquel hombre con un saco de harina colgado sobre su hombro, escarbaba con un bastón roñoso, un montón de latas vacías? Ese hombre no hablaba. Harapiento, tenía una barba larga, oscura; los cabellos le cubrían parte de las orejas. La piel tenía la resistencia de un muro demasiado arcaico. Le hablamos y sólo nos miró. Nunca olvidaré el brillo de sus pupilas, era un brillo que reflejaba un dolor muy profundo pero que soportaba quieto, calmo, mientras removía las latas y un olor a brea se esparcía en el espacio.
     La noche comienza. ¡Mira la nube que envuelve la cima del Ávila! allí, entre ella y la cumbre, ha asomado el primer lucero, es un lucero pequeño, un barco luminoso con forma de gota.




1972




{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }

12.16.2018

Casi un país (8) / Elizabeth Schön

Almost A Country (8)

     The marching band has begun. The musicians agglomerate. Juan sits down to hear the melodies. I daydream while I count the musicians and stare at their uniforms of such a dark blue; in their jackets I can distinguish shiny buttons, as if they’re full of seeds.
     I contemplate the band, the music stands, the notebooks where the scores are written and I say to myself quietly: those are such large instruments they blow with their lips! Some are made of gold, the gold the sun leaves on the horizon of the sea, the gold of the trees when the wind shakes their leaves and a ray falls into them, what’s more, they have the gold of rivers when a star rests on their surfaces, the gold of the chasubles the priests use to say mass, the gold of kings’ carriages, and the gold I alone discover when someone yells suddenly; Juan...!


*


Casi un país (8)

     La retreta ha comenzado. Los músicos se aglomeran. Juan se sienta a oír las melodías. Yo me distraigo contando los músicos y viendo sus uniformes de un azul muy oscuro; en sus chaquetas distingo botones brillantes, como llenos de semillas.
     Contemplo la banda, los atriles, los cuadernos donde están escritas las partituras y me digo calladamente: ¡qué instrumentos tan enormes son esos que soplan con los labios! Algunos son de oro, del oro que deja el sol sobre el horizonte del mar, del oro que tienen los árboles si el viento agita las hojas y el rayo cae dentro de ellas, es más, tienen el oro de los ríos cuando una estrella reposa en sus superficies, el oro de las casullas con las que los sacerdotes dicen la misa, el oro de las carrozas de los reyes, y ese oro que yo sola descubro si alguien grita de pronto; ¡Juan...!




1972




{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }

11.20.2018

Casi un país (7) / Elizabeth Schön

Almost A Country (7)

     Look towards the cathedral and tell me if its tower doesn’t remind you of a shepherd who, daily, counts his sheep and contemplates the sky hoping to, one day, step inside it.
     Watch the clock; how it constantly sounds and it sounds like an anvil that would never stop; it’s round, like they say the world is round, and look: its needles are similar to thorns that wound, but these instead of injuring touch each one of the numbers, maybe nudging the window so it opens and the inner sounds burst out from a patio where the children of the earth are playing.


*

Casi un país (7)


     Mira hacia la catedral y dime si su torre no recuerda la figura de un pastor que, diariamente, cuenta sus ovejas y contempla el cielo esperando, algún día, entrar en él.
     Observa el reloj; suena constantemente y suena igual a un yunque que jamás se detuviera; es redondo, como redondo dicen que es el mundo, y fíjate: sus agujas se asemejan a las espinas que hieren, mas éstas en lugar de hacer daño palpan cada uno de los números, quizá tocando la ventana para que se abra y brote la algarabía interior de un patio donde juegan los niños de la tierra.




1972




{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }

11.03.2018

Casi un país (6) / Elizabeth Schön

Almost A Country (6)

     We’re finally facing the San Francisco ceiba tree! And it really looks like a friar who’s always listening to the rain, the breeze, the wind, the birds, and it never stops being cradled by the roof of the sky.

*

Casi un país (6)

     ¡Por fin estamos frente a la ceiba de San Francisco! Y se parece mucho a un fraile que continuamente escucha la lluvia, la brisa, el viento, los pájaros, y nunca cesa de estar guarecido por la techumbre del cielo.




1972




{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }

10.06.2018

Casi un país (5) / Elizabeth Schön

Almost A Country (5)

     The clock in El Calvario is silent, like the shores of a lake are silent.
     High above, with a vizier’s figure, with the color of a cloud forecasting a storm, they placed him next to the flight of steps so that someone continuously ascended or descended and in this way he would never be alone.
     We’ve never heard his bell, we’ve never heard his tolling that clamors: one hour concludes and another one begins and to me this seems like a book you read until the last letter so as to immediately begin another one. And it also reminds me of the wave that folds, bursts, and another one immediately follows and does the same thing and thus successively, forever.

*

Casi un país (5)

     El reloj de El Calvario es silencioso, como silenciosas son las orillas de los lagos.
     Alto, con figura de visir, con color de nube que presagia tormenta, lo colocaron junto a la escalinata para que constantemente alguien subiera o bajara y de esta manera nunca permaneciera solo.
     Jamás hemos oído su campana, jamás hemos escuchado su tañido que clama: una hora concluye y otra se inicia y esto se me parece un libro que se lee hasta la letra última para en seguida comenzar otro. Y también me recuerda a la ola que se dobla, estalla, e inmediatamente otra la sigue y hace lo mismo y así sucesivamente para siempre.




1972




{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }

9.30.2018

Casi un país (4) / Elizabeth Schön

Almost A Country (4)

     Next to the stairs of El Calvario, I say to Juan:
     “Let’s not descend the steps too quickly.”
     “Lucía, if you want to know this city you have to hurry. Caracas is too big, so much that I almost mistake it for a country.”
     We descend quickly. Since I’m happy, I remain quiet. Juan has told me not to speak when I’m content; it’s better to be quiet, and this way the happiness doesn’t end. It actually remains intact, like certain gifts that are stored so as to not be damaged or broken.

*

Casi un país (4)

     Junto a las escalinatas de El Calvario le digo a Juan:
     —No bajemos rápidamente los escalones.
     —Lucía, si quieres conocer esta ciudad debes darte prisa. Caracas es demasiado grande y tanto que casi la confundo con un país.
     Descendemos apresuradamente. Como me siento alegre guardo silencio. Juan me ha dicho que cuando esté contenta no hable; es preferible callar, de esa manera la felicidad no concluye, al contrario, permanece intacta, semejante a ciertos regalos que se guardan para que no se maltraten o se rompan.




1972




Translator’s note: English version originally published in Typo, issue 18 (2013).




{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }

9.23.2018

Casi un país (3) / Elizabeth Schön

Almost A Country (3)

     He said we’d go see different places in Caracas today. He didn’t explain which ones. Whatever place we might visit, we’ll find something beautiful. I don’t think ugliness exists; if it does, it is surely the result of there not being enough clarity to appreciate the streets, the sharpness of the colors, the patience of the breeze that knocks on the large wooden doors until they open making a sound very close to the one that arises if you write on an old, worn chalkboard, with many cracks.
     I approach the window. A yellow leaf falls on my shoulder. I like it, it has the same color as my dress. I’ll save it in one of my books, I feel as though everything that looks like me or my things belongs to me.
     The sun announces that Juan is coming to pick me up. We will soon walk together. We will see streets, buildings, plazas, churches and in every corner, every bend, I will discover a detail, a blade of grass I have never seen before, and I will immediately recall the first day they gave me a hobby horse and I told myself I would ride him through all the cities in the world. The horse broke but now I have a friend and together we will get to know each one of this city’s houses, with names like the sound the waterfall makes when it pours from the highest point of the mountain.

*

Casi un país (3)

     Me dijo que hoy iríamos a conocer distintos lugares de Caracas. No me explicó cuáles podrían ser. Cualquiera que sea el sitio que visitemos, encontraremos algo hermoso. No creo que exista la fealdad; si la hay, seguramente se debe a que no hubo suficiente claridad para apreciar en las calles, la vivacidad de los colores, la paciencia de la brisa que toca los portones hasta que se abren haciendo un ruido muy parecido al que surge si se escribe sobre un pizarrón viejo, gastado, con muchas roturas.
     Me acerco a la ventana. Una hoja amarilla cae sobre mi hombro. Me gusta, tiene el mismo color de mi vestido. La guardaré en uno de mis libros, todo lo que se parece a mí o a mis cosas siento que me pertenece.
     El sol anuncia que Juan viene a visitarme. Pronto caminaremos juntos. Veremos calles, plazas, iglesias y en cada esquina, recodo descubriré un detalle, una brizna, que nunca había visto, y en seguida recordaré el primer día que me regalaron un caballo de madera y me dije que en él cabalgaría a través de todas las ciudades del mundo. El caballo se rompió pero ahora tengo un amigo y junto conoceremos cada una de las casas de esta ciudad con sus nombres semejantes al sonido de la cascada cuando se vierte desde lo más alto de la montaña.




1972




{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }

9.16.2018

Casi un país (2) / Elizabeth Schön

Almost A Country (2)

     Juan is my friend and he has such black and such large eyes that it’s impossible for the sun to ever make them fade one day.
     I met him one afternoon, he didn’t ask my name, he stood there observing me, quietly, calmly; he contemplated the mountains through the windowpanes, with the multitude of houses spread around them: hats the wind would have tossed. I told him my name was Lucía and with a soft, tender voice he began to repeat it, as though I’d told him the name of a continent, a lake, a forest he was anxious to observe.

*

Casi un país (2)

     Juan es mi amigo y tiene unos ojos tan negros y tan grandes que es imposible que el sol, algún día, se los pueda desteñir.
     Lo conocí una tarde, no preguntó por mi nombre, se quedó mirándome, quieto, tranquilo; contemplaba a través de los vidrios de la ventana, las montañas con la multitud de casas esparcidas: sombreros que el viento hubiese lanzado. Le dije que me llamaba Lucía y él con voz suave, tierna, empezó a repetirlo, igual a si dijera el nombre de algún continente, de algún lago, de un bosque que estaba ansioso de mirar.




1972




Translator’s note: English version originally published in Typo, issue 18 (2013).




{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }

9.09.2018

Casi un país (1) / Elizabeth Schön

Almost A Country (1)


     I was born in Borburata. There was a green plant holder in the hallway; the water would hurl itself down and would echo inside the clay jug with a sound like small coins falling. A fountain stood out in the patio; the ferns bunched up around it and formed a greenish, humid awning that smelled pleasant. The pillars were round, made of wood, and nails that sometimes injured, jutted out of the cracked sections.
     The house had few rooms. The rooftops were made out of cañabrava wood and mangrove beams; that’s where the spiders wove their hives, which packed the edges of the wooden framework. On the headpieces of the beds and in the water jugs, the moths and a fine, golden sand brought in by the wind from the distant sea would always accumulate. Two little stoves were always turned on; occasionally, a fly or a bee, who had been hunting the soup that was being cooked, would scorch itself within the embers.
     Behind the yard, where an apamate tree grew, ran a gorge. The cows would go there to drink, while the thrushes picked at their feathers and I thought of the day I would live in Caracas, Caracas which I imagined as if it were the most beautiful, immense palace inhabited by glorious men.


*


Casi un país (1)

     Nací en Borburata. En el corredor había un tinajero verde; el agua se precipitaba y sonaba dentro del bernegal con un ruido semejante al de las monedas pequeñas al caer. En el patio se destacaba una fuente; los helechos se amontonaban alrededor y formaban una carpa verdosa, húmeda, que olía gratamente. Los pilares eran redondos, de madera, y en los sitios resquebrajados, apuntaban clavos que, a veces, herían.
     La casa no tenía muchas habitaciones. Los techos estaban construidos de cañabrava y viguetas de mangle; allí las harañas tejían sus enjambres que tupían los bordes del maderaje. En los copetes de las camas, en los aguamaniles, siempre se hacinaban la polilla y una arena fina, dorada, que el viento traía del mar lejano. Dos hornillas permanecían prendidas; dentro de las brasas, de vez en cuando, se asaban una mosca, una abeja, que habían estado cazando el caldo que se cocía.
     Detrás del corral, donde crecía un árbol de apamate, una quebrada corría, ahí las vacas iban a beber, mientras los torditos picoteaban sus lomos y yo pensaba en el día que viviese en Caracas, Caracas que la imaginaba igual al palacio más bello, inmenso, habitado por hombres gloriosos.




1972




Translator’s note: English version originally published in Typo, issue 18 (2013).
Image: Elizabeth Schön, by Alfredo Cortina.




{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }

8.18.2018

La paciencia de Bolaño

TAL CUAL LUNES 9 DE JULIO DE 2001

                                    [Foto: http://www.enriquevilamatas.com/]

CULTURA

La paciencia de Bolaño

Con estas misiva, el narrador chileno Roberto Bolaño, invitado como miembro del jurado para el premio Rómulo Gallegos, da testimonio de su contundente deslinde con el Celarg y su presidente

Roberto Bolaño

"Se los pueden meter por el culo", dijo en referencia a sus honorarios como jurado el autor de Los detectives salvajes, novela ganadora de la pasada edición del premio

Por motivos de salud no pude viajar a Caracas. Mi ausencia física no significa, sin embargo, que dé carta blanca al jurado para decidir por mí. Las declaraciones del presidente del Celarg, cuya persona y nombre desconozco, ya eran motivos más que suficientes, al menos en lo que a mí respecta, para acudir, por lo menos, con una cierta reserva a mi cita en Caracas. La aparición posterior de rumores del tipo de que yo no he viajado a Venezuela porque el Celarg se negó a pagarle el pasaje a mi mujer e hijo, que más que un rumor es una calumnia o una difamación, y que en otra circunstancia sólo me haría reír, no hace sino agrandar las reservas del caso. Entre paréntesis tengo que decir que si alguien debe dinero a alguien es el Celarg a mí: tres mil dólares por haberme leído más de 250 libros y que en lo que a mí respecta, por descontado, se los pueden meter por el culo. Tal cual. Mi paciencia frente a los neostalinistas (o frente a los mafiosillos o frente a los estómagos agradecidos) no es grande. Así que aclaremos de una vez por todas que gane quien gane, sea una buena o una mala novela, nada tiene que ver con mi criterio como lector, por la sencilla razón de que mi opinión jamás ha sido pedida ni la de ellos confrontada conmigo. Mi desvinculación con el jurado es total. El Celarg miente cuando coloca mi nombre al frente de las listas sucesivas de finalistas. Nada he tenido que ver con esa decisión. El jurado del actual premio Rómulo Gallegos está integrado por cuatro personas, no por cinco. Los comisarios neostalinistas dirán mañana cosas peores, pues tal es su oficio, pero si mi no participación en el premio queda suficientemente aclarada, lo que digan sólo provocará mi risa.

Roberto Bolaño

Me alegro que haya ganado Vila-Matas. Aun así espero que en Caracas quede claro que yo nada he tenido que ver con esta decisión, que me parece buena, pero que, según soplara el viento, hubiera podido ser muy mala. Tal como lo decía en mi nota: la responsabilidad en la elección, acertada o desacertada, no me atañe en lo más mínimo.


(Texto originalmente publicado en versión papel y digital del periódico caraqueño Tal Cual)

8.07.2018

Patria / Armando Rojas Guardia

Homeland

We loved it once, or so we said,
the somber stubbornness of your force.
The father’s voice would grow
hoarse when he evoked prisons, multitudes,
naked men wading through the swamp,
a woman’s weeping, a son
and up there (up where?)
the obstinate shred of the flag.
We learned, slowly and vaguely,
the impossible was chasing you
misleading your feet
—Hilda’s feet obsessed
my child’s eyes: their earthy,
vegetable, disconcerted bark
on the polished glow of the granite.

Maybe one afternoon, in the fields,
the music spelled you out suddenly
beside some forest, on a hill,
a sad lake that looks like you:
the same stubbornness when you revealed
yourself so eager not really for us
(the ephemeral, the maybes, the passers-by)
but for your absurd patina of grandeur
—those opulent dreams of history
that are actually its horror, its nightmare.

Now that you know yourself so vile, a brothel,
because all that equestrian intent
climbed down to haggle in the sun
and the hero marketed his bronze
and the solemn gold of the sarcophagus
adorned dentures, fixed interest rates,
and there’s no toga nor epaulet nor habit
to shroud you, a quadruped, obsequious
for thirty ancestral coins,
I dare to cover your nakedness.
It’s not true you sold yourself. You wanted
to dilapidate yourself so brusquely, totally:
a luxurious impossible.
                              You knew it,
you’ve always known it and as always
you’re plowing the sea. You were conceived
with the precise will to failure.

How is it you affirm, so gently, that now you’ll stay
in the tension of smiling at yourself
lifting your shoulders, dejected,
and telling yourself sarcastically, tenderly,
maybe tomorrow I really will. Maybe tomorrow...


*


Patria

Alguna vez amamos, o dijimos amar,
la terquedad sombría de tu fuerza.
La voz del padre enronquecía
al evocar calabozos, muchedumbres,
hombres desnudos vadeanodo el pantano,
llanto de mujer, un hijo
y más arriba (¿dónde arriba?)
el trapo contumaz de una bandera.
Supimos, lenta y vagamente,
que lo imposible te buscaba
extraviándote los pies
—aquellos pies de Hilda obsesionaron
a mis ojos de niño: su corteza
terrosa, vegetal, desconcertada
sobre la pulitura del granito.

Tal vez una tarde, entre los campos,
la música te deletreó de pronto
al lado de algún bosque, una colina,
un lago triste que se te parece:
la misma terquedad al revelarte
ávida no precisamente de nosotros
(los efímeros, los quizá, los transeúntes)
sino de tu patina absurda de grandeza
—esos sueños opulentos de la historia
que son más bien su horror, su pesadilla.

Ahora que te conoces vil, prostibularia,
porque tanta voluntad ecuestre
se apeó bajo el sol a regatear
y el héroe mercadeó con su bronce
y el oro solemne del sarcófago
adornó dentaduras, fijó réditos,
y no hay toga ni charretera ni sotana
que te oculten cuadrúpeda, obsequiosa
por treinta monedas ancestrales,
yo me atrevo a cubrir tu desnudez.
No es verdad que te vendiste. Tú anhelabas
dilapidarte brusca, totalmente:
un lujoso imposible.
                              Lo sabías,
siempre lo has sabido y como siempre
aras en el mar. Te concibieron
con voluntad precisa de fracaso.

Cómo afirmar, pasito, que hoy te quedas
en la dificultad de sonreírte
levantando los hombros, desganado,
y diciéndote con sorna, con ternura,
mañana sí tal vez. Quizá mañana...




{ Armando Rojas Guardia, Patria y otros poemas, Caracas: Editorial Equinoccio, 2008 }

7.25.2018

Nada es impenetrable / Ida Gramcko

Nothing Is Impenetrable

When you close your eyes and see a dark valley
furrowed by residue or signals
the valley is growing like an everyday world
and it lives just like the one who nourished its image.
So it’s no longer anything but a life,
stubborn, possible, when the eye opens.
But everything’s, so clean in such a way!
If we get lost, it’s because we trust the trip.
There it is! And it’s the laughter.
She’s the one who comes out
of the body and lives, opening up, continuous,
lipless, even in the flight of birds.


*


Nada es impenetrable

Cuando cierras los ojos y ves un valle oscuro
surcado por residuos o señales
el valle va creciendo como un sólito mundo
y vive igual que quien nutrió su imagen.
Por tanto ya no es más sino una vida,
terca, posible, cuando el ojo se abre.
Pues todo es ¡de qué manera limpia!
Si nos perdemos, es por fe de viaje.
¡Allí va! Y es la risa.
Ella es la que se sale
del cuerpo y vive, abriéndose, continua,
sin labio, hasta en el vuelo de las aves.




(1952)




{ Ida Gramcko, Poemas: 1947-1952, Caracas: Ediciones Letra Muerta, 2016 }

7.14.2018

Cambia / Ida Gramcko

Change

Change
within your memory.
Remember yourself, a presence, and be quick,
volatile, vivid, impersonal, a person,
forgetting the death that takes root
like imagination and delays you.
Because the imaginary life is elsewhere,
it’s a howling life amidst the norm,
a ferocious life, practical magic
from the beyond... The clouds overflow
with lists of crayons and a sloop
lives like the curve in the waves.


*


Cambia

Cambia
dentro de tu memoria.
Recuérdate, presencia, y hazte rauda,
volátil, viva, impersonal, persona,
olvidando la muerte que se arraiga
como imaginación y te demora.
Porque es otra la vida imaginaria,
es una vida aullante entre la norma,
una vida feroz, práctica magia
del más allá... Las nubes se desbordan
con listas de creyón y una balandra
vive como la curva entre las ondas.




(1952)




{ Ida Gramcko, Poemas: 1947-1952, Caracas: Ediciones Letra Muerta, 2016 }

5.27.2018

Vida / Rafael Cadenas

Life

Life
annihilate me,
sweep away everything,
so the only thing left is
the empty husk, that won’t be filled again,
clean, clean without a scruple
and whatever you held up drop it
don’t hold on to anything.


*


Vida

Vida
arrásame,
barre todo,
que sólo quede
la cáscara vacía, para no llenarla más,
limpia, limpia sin escrúpulo
y cuanto sostuviste deja caer
sin guardar nada.




Intemperie (1977)




{ Rafael Cadenas, Obra entera, México DF, Fondo de Cultura Económica, 2000 }