Casi un país (16) / Elizabeth Schön

Almost A Country (16)

     Juan has arrived punctually. I like his suit, it’s the color of medlar. He doesn’t say a word to me; but it doesn’t matter.
     We stroll through Plaza Altamira. A green grass, with yellow tones, surrounds the plaza. There are bushes, round pines, benches. The obelisk is a mast, an immense needle. Beyond the avenues, many buildings lift themselves up, with balconies, doors and ferns the breeze moves.
     We sit down on a bench. The pond, placed in the center of the plaza, is wide, long; the sun penetrates there and transforms itself, beneath the water, into a white shell. A small boat, with a yellow chimney, sails slowly, its dark anchors and the metallic rigging. It stumbles into the shore and stays still; around it: water, space, sky too high above, with the stars hidden amid the clouds.
     Juan stands up. He runs to the corner. He chooses a fallen branch and begins to touch it.
     Then he puts something warm into my hands, somewhat scratchy, it’s a nest full of newborn pigeons! I imagine the sun must have been like this when it was born and they placed it above the earth.


Casi un país (16)

     Juan ha llegado puntualmente. Me agrada su traje, tiene el color del níspero. No me dirige la palabra, pero no importa.
     Paseamos por la Plaza de Altamira. Una grama verde, con tonos amarillos, rodea la plaza. Hay arbustos, pinos redondos, bancos. El obelisco es un mástil, una aguja inmensa. Más allá de las avenidas, se encumbran muchos edificios, con balcones, puertas y helechos que la brisa mueve.
     Nos sentamos en un banco. El estanque, colocado en el centro de la plaza, es ancho, largo; el sol penetra allí y se transforma, debajo del agua, en una cáscara blanca. Un barco pequeño, con una chimenea amarilla, navega lentamente, sus anclas oscuras y las jarcias metálicas. Tropieza con la orilla y queda fijo; a su alrededor: agua, espacio, cielo demasiado arriba, con las estrellas ocultas entre las nubes.
     Juan se pone de pie. Corre hacia la esquina. Escoge una rama caída y comienza a tocarla.
     Después coloca en mis manos algo tibio, un tanto carrasposo, ¡es un nido lleno de pichones recién nacidos! Me imagino que así debió ser el sol cuando nació y lo pusieron sobre la tierra.


Translator’s note: The English version this poem was originally published in Typo, issue 18 (2013).

{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }


Casi un país (15) / Elizabeth Schön

Almost A Country (15)

     In a doorway a boy is playing with a perinola, its cord is bending with such agility, growing, curving, while the boy is immobile, doesn’t laugh, doesn’t speak, remains alert to the thread that stretches, shrinks, forms a circumference transfused by clarity and untouched by the wind.


Casi un país (15)

     En un portón un niño juega con una perinola, su hilo ágilmente se dobla, se alarga, se curva, mientras el niño inmóvil, no ríe, no habla, permanece alerta al hilo que se estira, se encoge, forma una circunferencia que la claridad traspasa y que el viento no destroza.


{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }


Casi un país (14) / Elizabeth Schön

Almost A Country (14)

     Maybe pushed by the wind, by the crowds, I have arrived at 23 de enero.
     23 de enero is one of the most populated places in Caracas, as populated as the bottom of the sea, like the universe with all its stars, asteroids and galaxies.
     Its buildings are immense transatlantic ships that, having anchored at high sea, now wait for their passengers to exit and climb aboard.


Casi un país (14)

     Tal vez empujada por el viento, la multitud, he llegado al 23 de enero.
     El 23 de enero es uno de los lugares más poblados de Caracas, tan poblado como el fondo del mar, como el universo con todos sus astros, asteroides y galaxias.
     Sus edificios son trasatlánticos inmensos que, anclados en alta mar, aguardan la salida y el abordaje de sus pasajeros.


{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }


Casi un país (13) / Elizabeth Schön

Almost A Country (13)

     Could I be a descendant of Humboldt, the man who discovered rivers, jungles, mountains, caves?


Casi un país (13)

     ¿Seré descendiente de Humboldt, ese hombre que descubrió ríos, selvas, montañas, cuevas?


{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }


Casi un país (12) / Elizabeth Schön

Almost A Country (12)

     A bicycle is a huge seahorse, descending the tunnel. The air has the solidity of a feather. I want to touch that post over there, I run, I feel it. I go on, I’m so happy to feel myself move towards that corner and then the other one and the one I can’t even see! I have no impediments. Impediments disturb, they block any enjoyment of the fresh clean day, so full of sun and breeze.
     I bump into an empanada & snack cart. Several workers are busy on the construction site for a building. Others are delineating the edges of the sidewalk and another group paints the lines marking the curve or the avenue lanes.
     I’m standing in front of the Museo de Bellas Artes, white: a cloud, a seed of the whitest fruit.
     I enter. Its corridors smell like a prairie full of wild grass, the water in its pond has the flavor of refuge. The wind unspools, someone in search of a shelter that will always protect them.


Casi un país (12)

     Una bicicleta es un hipocampo inmenso, que baja por el túnel. El aire tiene la solidez de la pluma. Quiero tocar aquel poste, corro, lo palpo. Sigo, ¡cómo me alegra sentir que voy hacia la esquina y hacia la otra esquina y aun hacia la que no atisbo! No tengo impedimentos. Los impedimentos estorban, impiden que se disfrute del día fresco, limpio, pleno de sol y brisa.
     Tropiezo con un latón de dulces y empanadas. Varios obreros trabajan en la construcción de un edificio. Otros delinean los bordes de las aceras y otros marcan las rayas que indican la curva o el margen libre de las avenidas.
     Estoy frente al Museo de Bellas Artes, blanco: nube, semilla del fruto más blanco.
     Entro. Sus corredores huelen a prado cubierto de hierba, el agua de su estanque tiene el sabor del remanso. El viento se desliza, es alguien en busca del albergue que para siempre lo protegerá.


{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }


Casi un país (11) / Elizabeth Schön

Almost A Country (11)

     I step onto Urdaneta Avenue. The crowd crosses it avidly, promptly, as if wanting to find out where it ends. The blocks are wide. Such tall buildings jut out from both sides, others are short, squares that look like the boxes where they display apples. Some of them possess the slenderness of an ear of corn, all of them have as many holes as fishing nets do.
     I discern spacious plots, with no construction yet. The tower of the Santa Capilla church is sharp, fine, an immense splinter that doesn’t scratch, that doesn’t injure; a guard that never abandons his post. There’s the Central Post Office building, not very tall, robust… a well-fed lamb sleeping peacefully. Everywhere I look I discover different dimensions, but where does my notion of immensity, of largeness, of narrowness, of lowness come from?


Casi un país (11)

     Entro en la avenida Urdaneta. La muchedumbre la recorre con avidez, con prontitud, como queriendo conocer dónde concluye. Las cuadras son anchas. En ambos lados sobresalen edificios muy altos, otros son bajos, cuadrados parecidos a los cajones donde exhiben las manzanas. Algunos poseen la esbeltez de la espiga del maíz, todos tienen tantísimas ventanas como agujeros hay en las redes de pescar.
     Diviso terrenos espaciosos, aún sin edificar. La torre de la iglesia de la Santa Capilla es aguda, fina, una astilla inmensa que no roza, que no hiere; un vigilante que nunca abandona su puesto. Está el edificio del Correo Principal, no muy alto, fornido... un cordero que duerme apaciblemente, bien nutrido. Hacia donde miro descubro dimensiones distintas, pero ¿de dónde me nace la noción de los inmenso, de lo grande, de lo angosto, de lo bajo?


{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }


Casi un país (10) / Elizabeth Schön

Almost A Country (10)

     I have arrived at Plaza Capuchinos.
     The church has something of a sleeping ox, its tower reminds me of the peace of lonesome roads.
     People walk through the plaza’s shaded paths. I wonder if they carry a lily, a utensil they hope to deposit in some spot on earth.
     The dovecotes stand out within the branches, clusters confuse themselves with the straw of the nests; the leaves mix with the excrement of the pigeons that fly toward empty spaces, they’re cups the wind lifts up to give away, in the mountains, in towns.
     No one stops to look at the belfry. The majority walk by, as though pushed forward by an endless blizzard.
     Boys, girls, adults, all follow their paths across San Martín Avenue; I know each one carries feelings, desires, secrets within, and all of them recede, are diluted in the tumult, like the sound of a voice dissolves when a scream shouts in the jungle.
     Is it possible for so many beings to live, to walk, speak, greet and then continue on their paths without even returning, without even recalling?


Casi un país (10)

     He llegado a la Plaza de Capuchinos.
     La iglesia tiene algo de buey dormido, su torre me recuerda la paz de los caminos solitarios.
     Los hombres andan por los senderos sombreados de la plaza, pienso si llevan consigo una azucena, un utensilio que, en algún lugar de la tierra, quieren depositar.
     Los palomares descuellan dentro de los ramajes; los gajos se confunden con la paja de los nidos; las hojas se mezclan con el excremento de las palomas que vuelan hacia los espacios, son tazas que el viento levanta para regarlas, en las montañas, en los pueblos.
     Nadie se detiene a mirar el campanario. La mayoría camina, como empujada por una ventisca que jamás se detuviera.
     Muchachos, muchachas, adultos, siguen sus rumbos a través de la avenida San Martín; sé que cada cual lleva consigo sentimientos, fe, anhelos, secretos, mas todos se alejan, se diluyen en el tumulto, como se disuelve el sonido de la voz si se lanza un grito en la selva.
     ¿Es posible que vivan tantos seres que andan, hablan, saludan y después prosiguen sus rutas sin, tal vez, regresar, sin tal vez, recordar?


{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }


Casi un país (9) / Elizabeth Schön

Almost A Country (9)

     “Lucía, tomorrow will be another day and it’s as if we told each other: tomorrow we’ll stare at the leaf we weren’t able to contemplate today, the grain hidden beneath the corn seedbed.”
     “Once the night has passed, the sun will shine again, and we’ll go out and admire the city where the beings march, sometimes silently, sometimes greeting each other, chatting, always without stopping.”
     “Do you remember that man with a flour sack hanging from his shoulder, who picked through a pile of empty cans with his mangy cane? The man who didn’t speak. In rags, he had a long, dark beard; his hair covered parts of his ears. His skin had the resistance of an excessively archaic wall. We spoke to him and he just stared at us. I’ll never forget the gleam of his pupils, it was a gleam that reflected a very deep pain yet supported itself calmly, in stillness, while he stirred the cans and the smell of tar spread throughout space.”
     Night begins. Look at the cloud enveloping Mount Ávila’s peak! There, between the cloud and the peak, the first star has appeared. It’s a small star, a luminous boat shaped like a drop of water.


Casi un país (9)

     —Lucía, mañana será otro día y es como si ambos nos dijéramos: mañana miraremos la hoja que hoy no pudimos contemplar, aquel grano que permaneció escondido debajo del almácigo de maíz.
     —Pasada la noche, el sol alumbrará de nuevo, y volveremos a salir y admiraremos la ciudad donde marchan los seres, a veces callados, a veces saludando, charlando, mas siempre sin detenerse.
     —¿Recuerdas aquel hombre con un saco de harina colgado sobre su hombro, escarbaba con un bastón roñoso, un montón de latas vacías? Ese hombre no hablaba. Harapiento, tenía una barba larga, oscura; los cabellos le cubrían parte de las orejas. La piel tenía la resistencia de un muro demasiado arcaico. Le hablamos y sólo nos miró. Nunca olvidaré el brillo de sus pupilas, era un brillo que reflejaba un dolor muy profundo pero que soportaba quieto, calmo, mientras removía las latas y un olor a brea se esparcía en el espacio.
     La noche comienza. ¡Mira la nube que envuelve la cima del Ávila! allí, entre ella y la cumbre, ha asomado el primer lucero, es un lucero pequeño, un barco luminoso con forma de gota.


{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }


Casi un país (8) / Elizabeth Schön

Almost A Country (8)

     The marching band has begun. The musicians agglomerate. Juan sits down to hear the melodies. I daydream while I count the musicians and stare at their uniforms of such a dark blue; in their jackets I can distinguish shiny buttons, as if they’re full of seeds.
     I contemplate the band, the music stands, the notebooks where the scores are written and I say to myself quietly: those are such large instruments they blow with their lips! Some are made of gold, the gold the sun leaves on the horizon of the sea, the gold of the trees when the wind shakes their leaves and a ray falls into them, what’s more, they have the gold of rivers when a star rests on their surfaces, the gold of the chasubles the priests use to say mass, the gold of kings’ carriages, and the gold I alone discover when someone yells suddenly; Juan...!


Casi un país (8)

     La retreta ha comenzado. Los músicos se aglomeran. Juan se sienta a oír las melodías. Yo me distraigo contando los músicos y viendo sus uniformes de un azul muy oscuro; en sus chaquetas distingo botones brillantes, como llenos de semillas.
     Contemplo la banda, los atriles, los cuadernos donde están escritas las partituras y me digo calladamente: ¡qué instrumentos tan enormes son esos que soplan con los labios! Algunos son de oro, del oro que deja el sol sobre el horizonte del mar, del oro que tienen los árboles si el viento agita las hojas y el rayo cae dentro de ellas, es más, tienen el oro de los ríos cuando una estrella reposa en sus superficies, el oro de las casullas con las que los sacerdotes dicen la misa, el oro de las carrozas de los reyes, y ese oro que yo sola descubro si alguien grita de pronto; ¡Juan...!


{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }


Casi un país (7) / Elizabeth Schön

Almost A Country (7)

     Look towards the cathedral and tell me if its tower doesn’t remind you of a shepherd who, daily, counts his sheep and contemplates the sky hoping to, one day, step inside it.
     Watch the clock; how it constantly sounds and it sounds like an anvil that would never stop; it’s round, like they say the world is round, and look: its needles are similar to thorns that wound, but these instead of injuring touch each one of the numbers, maybe nudging the window so it opens and the inner sounds burst out from a patio where the children of the earth are playing.


Casi un país (7)

     Mira hacia la catedral y dime si su torre no recuerda la figura de un pastor que, diariamente, cuenta sus ovejas y contempla el cielo esperando, algún día, entrar en él.
     Observa el reloj; suena constantemente y suena igual a un yunque que jamás se detuviera; es redondo, como redondo dicen que es el mundo, y fíjate: sus agujas se asemejan a las espinas que hieren, mas éstas en lugar de hacer daño palpan cada uno de los números, quizá tocando la ventana para que se abra y brote la algarabía interior de un patio donde juegan los niños de la tierra.


{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }


Casi un país (6) / Elizabeth Schön

Almost A Country (6)

     We’re finally facing the San Francisco ceiba tree! And it really looks like a friar who’s always listening to the rain, the breeze, the wind, the birds, and it never stops being cradled by the roof of the sky.


Casi un país (6)

     ¡Por fin estamos frente a la ceiba de San Francisco! Y se parece mucho a un fraile que continuamente escucha la lluvia, la brisa, el viento, los pájaros, y nunca cesa de estar guarecido por la techumbre del cielo.


{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }


Casi un país (5) / Elizabeth Schön

Almost A Country (5)

     The clock in El Calvario is silent, like the shores of a lake are silent.
     High above, with a vizier’s figure, with the color of a cloud forecasting a storm, they placed him next to the flight of steps so that someone continuously ascended or descended and in this way he would never be alone.
     We’ve never heard his bell, we’ve never heard his tolling that clamors: one hour concludes and another one begins and to me this seems like a book you read until the last letter so as to immediately begin another one. And it also reminds me of the wave that folds, bursts, and another one immediately follows and does the same thing and thus successively, forever.


Casi un país (5)

     El reloj de El Calvario es silencioso, como silenciosas son las orillas de los lagos.
     Alto, con figura de visir, con color de nube que presagia tormenta, lo colocaron junto a la escalinata para que constantemente alguien subiera o bajara y de esta manera nunca permaneciera solo.
     Jamás hemos oído su campana, jamás hemos escuchado su tañido que clama: una hora concluye y otra se inicia y esto se me parece un libro que se lee hasta la letra última para en seguida comenzar otro. Y también me recuerda a la ola que se dobla, estalla, e inmediatamente otra la sigue y hace lo mismo y así sucesivamente para siempre.


{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }


Casi un país (4) / Elizabeth Schön

Almost A Country (4)

     Next to the stairs of El Calvario, I say to Juan:
     “Let’s not descend the steps too quickly.”
     “Lucía, if you want to know this city you have to hurry. Caracas is too big, so much that I almost mistake it for a country.”
     We descend quickly. Since I’m happy, I remain quiet. Juan has told me not to speak when I’m content; it’s better to be quiet, and this way the happiness doesn’t end. It actually remains intact, like certain gifts that are stored so as to not be damaged or broken.


Casi un país (4)

     Junto a las escalinatas de El Calvario le digo a Juan:
     —No bajemos rápidamente los escalones.
     —Lucía, si quieres conocer esta ciudad debes darte prisa. Caracas es demasiado grande y tanto que casi la confundo con un país.
     Descendemos apresuradamente. Como me siento alegre guardo silencio. Juan me ha dicho que cuando esté contenta no hable; es preferible callar, de esa manera la felicidad no concluye, al contrario, permanece intacta, semejante a ciertos regalos que se guardan para que no se maltraten o se rompan.


Translator’s note: English version originally published in Typo, issue 18 (2013).

{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }


Casi un país (3) / Elizabeth Schön

Almost A Country (3)

     He said we’d go see different places in Caracas today. He didn’t explain which ones. Whatever place we might visit, we’ll find something beautiful. I don’t think ugliness exists; if it does, it is surely the result of there not being enough clarity to appreciate the streets, the sharpness of the colors, the patience of the breeze that knocks on the large wooden doors until they open making a sound very close to the one that arises if you write on an old, worn chalkboard, with many cracks.
     I approach the window. A yellow leaf falls on my shoulder. I like it, it has the same color as my dress. I’ll save it in one of my books, I feel as though everything that looks like me or my things belongs to me.
     The sun announces that Juan is coming to pick me up. We will soon walk together. We will see streets, buildings, plazas, churches and in every corner, every bend, I will discover a detail, a blade of grass I have never seen before, and I will immediately recall the first day they gave me a hobby horse and I told myself I would ride him through all the cities in the world. The horse broke but now I have a friend and together we will get to know each one of this city’s houses, with names like the sound the waterfall makes when it pours from the highest point of the mountain.


Casi un país (3)

     Me dijo que hoy iríamos a conocer distintos lugares de Caracas. No me explicó cuáles podrían ser. Cualquiera que sea el sitio que visitemos, encontraremos algo hermoso. No creo que exista la fealdad; si la hay, seguramente se debe a que no hubo suficiente claridad para apreciar en las calles, la vivacidad de los colores, la paciencia de la brisa que toca los portones hasta que se abren haciendo un ruido muy parecido al que surge si se escribe sobre un pizarrón viejo, gastado, con muchas roturas.
     Me acerco a la ventana. Una hoja amarilla cae sobre mi hombro. Me gusta, tiene el mismo color de mi vestido. La guardaré en uno de mis libros, todo lo que se parece a mí o a mis cosas siento que me pertenece.
     El sol anuncia que Juan viene a visitarme. Pronto caminaremos juntos. Veremos calles, plazas, iglesias y en cada esquina, recodo descubriré un detalle, una brizna, que nunca había visto, y en seguida recordaré el primer día que me regalaron un caballo de madera y me dije que en él cabalgaría a través de todas las ciudades del mundo. El caballo se rompió pero ahora tengo un amigo y junto conoceremos cada una de las casas de esta ciudad con sus nombres semejantes al sonido de la cascada cuando se vierte desde lo más alto de la montaña.


{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }


Casi un país (2) / Elizabeth Schön

Almost A Country (2)

     Juan is my friend and he has such black and such large eyes that it’s impossible for the sun to ever make them fade one day.
     I met him one afternoon, he didn’t ask my name, he stood there observing me, quietly, calmly; he contemplated the mountains through the windowpanes, with the multitude of houses spread around them: hats the wind would have tossed. I told him my name was Lucía and with a soft, tender voice he began to repeat it, as though I’d told him the name of a continent, a lake, a forest he was anxious to observe.


Casi un país (2)

     Juan es mi amigo y tiene unos ojos tan negros y tan grandes que es imposible que el sol, algún día, se los pueda desteñir.
     Lo conocí una tarde, no preguntó por mi nombre, se quedó mirándome, quieto, tranquilo; contemplaba a través de los vidrios de la ventana, las montañas con la multitud de casas esparcidas: sombreros que el viento hubiese lanzado. Le dije que me llamaba Lucía y él con voz suave, tierna, empezó a repetirlo, igual a si dijera el nombre de algún continente, de algún lago, de un bosque que estaba ansioso de mirar.


Translator’s note: English version originally published in Typo, issue 18 (2013).

{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }


Casi un país (1) / Elizabeth Schön

Almost A Country (1)

     I was born in Borburata. There was a green plant holder in the hallway; the water would hurl itself down and would echo inside the clay jug with a sound like small coins falling. A fountain stood out in the patio; the ferns bunched up around it and formed a greenish, humid awning that smelled pleasant. The pillars were round, made of wood, and nails that sometimes injured, jutted out of the cracked sections.
     The house had few rooms. The rooftops were made out of cañabrava wood and mangrove beams; that’s where the spiders wove their hives, which packed the edges of the wooden framework. On the headpieces of the beds and in the water jugs, the moths and a fine, golden sand brought in by the wind from the distant sea would always accumulate. Two little stoves were always turned on; occasionally, a fly or a bee, who had been hunting the soup that was being cooked, would scorch itself within the embers.
     Behind the yard, where an apamate tree grew, ran a gorge. The cows would go there to drink, while the thrushes picked at their feathers and I thought of the day I would live in Caracas, Caracas which I imagined as if it were the most beautiful, immense palace inhabited by glorious men.


Casi un país (1)

     Nací en Borburata. En el corredor había un tinajero verde; el agua se precipitaba y sonaba dentro del bernegal con un ruido semejante al de las monedas pequeñas al caer. En el patio se destacaba una fuente; los helechos se amontonaban alrededor y formaban una carpa verdosa, húmeda, que olía gratamente. Los pilares eran redondos, de madera, y en los sitios resquebrajados, apuntaban clavos que, a veces, herían.
     La casa no tenía muchas habitaciones. Los techos estaban construidos de cañabrava y viguetas de mangle; allí las harañas tejían sus enjambres que tupían los bordes del maderaje. En los copetes de las camas, en los aguamaniles, siempre se hacinaban la polilla y una arena fina, dorada, que el viento traía del mar lejano. Dos hornillas permanecían prendidas; dentro de las brasas, de vez en cuando, se asaban una mosca, una abeja, que habían estado cazando el caldo que se cocía.
     Detrás del corral, donde crecía un árbol de apamate, una quebrada corría, ahí las vacas iban a beber, mientras los torditos picoteaban sus lomos y yo pensaba en el día que viviese en Caracas, Caracas que la imaginaba igual al palacio más bello, inmenso, habitado por hombres gloriosos.


Translator’s note: English version originally published in Typo, issue 18 (2013).
Image: Elizabeth Schön, by Alfredo Cortina.

{ Elizabeth Schön, Antología poética, Caracas: Monte Ávila Editores, 1998 }


La paciencia de Bolaño


                                    [Foto: http://www.enriquevilamatas.com/]


La paciencia de Bolaño

Con estas misiva, el narrador chileno Roberto Bolaño, invitado como miembro del jurado para el premio Rómulo Gallegos, da testimonio de su contundente deslinde con el Celarg y su presidente

Roberto Bolaño

"Se los pueden meter por el culo", dijo en referencia a sus honorarios como jurado el autor de Los detectives salvajes, novela ganadora de la pasada edición del premio

Por motivos de salud no pude viajar a Caracas. Mi ausencia física no significa, sin embargo, que dé carta blanca al jurado para decidir por mí. Las declaraciones del presidente del Celarg, cuya persona y nombre desconozco, ya eran motivos más que suficientes, al menos en lo que a mí respecta, para acudir, por lo menos, con una cierta reserva a mi cita en Caracas. La aparición posterior de rumores del tipo de que yo no he viajado a Venezuela porque el Celarg se negó a pagarle el pasaje a mi mujer e hijo, que más que un rumor es una calumnia o una difamación, y que en otra circunstancia sólo me haría reír, no hace sino agrandar las reservas del caso. Entre paréntesis tengo que decir que si alguien debe dinero a alguien es el Celarg a mí: tres mil dólares por haberme leído más de 250 libros y que en lo que a mí respecta, por descontado, se los pueden meter por el culo. Tal cual. Mi paciencia frente a los neostalinistas (o frente a los mafiosillos o frente a los estómagos agradecidos) no es grande. Así que aclaremos de una vez por todas que gane quien gane, sea una buena o una mala novela, nada tiene que ver con mi criterio como lector, por la sencilla razón de que mi opinión jamás ha sido pedida ni la de ellos confrontada conmigo. Mi desvinculación con el jurado es total. El Celarg miente cuando coloca mi nombre al frente de las listas sucesivas de finalistas. Nada he tenido que ver con esa decisión. El jurado del actual premio Rómulo Gallegos está integrado por cuatro personas, no por cinco. Los comisarios neostalinistas dirán mañana cosas peores, pues tal es su oficio, pero si mi no participación en el premio queda suficientemente aclarada, lo que digan sólo provocará mi risa.

Roberto Bolaño

Me alegro que haya ganado Vila-Matas. Aun así espero que en Caracas quede claro que yo nada he tenido que ver con esta decisión, que me parece buena, pero que, según soplara el viento, hubiera podido ser muy mala. Tal como lo decía en mi nota: la responsabilidad en la elección, acertada o desacertada, no me atañe en lo más mínimo.

(Texto originalmente publicado en versión papel y digital del periódico caraqueño Tal Cual)


Patria / Armando Rojas Guardia


We loved it once, or so we said,
the somber stubbornness of your force.
The father’s voice would grow
hoarse when he evoked prisons, multitudes,
naked men wading through the swamp,
a woman’s weeping, a son
and up there (up where?)
the obstinate shred of the flag.
We learned, slowly and vaguely,
the impossible was chasing you
misleading your feet
—Hilda’s feet obsessed
my child’s eyes: their earthy,
vegetable, disconcerted bark
on the polished glow of the granite.

Maybe one afternoon, in the fields,
the music spelled you out suddenly
beside some forest, on a hill,
a sad lake that looks like you:
the same stubbornness when you revealed
yourself so eager not really for us
(the ephemeral, the maybes, the passers-by)
but for your absurd patina of grandeur
—those opulent dreams of history
that are actually its horror, its nightmare.

Now that you know yourself so vile, a brothel,
because all that equestrian intent
climbed down to haggle in the sun
and the hero marketed his bronze
and the solemn gold of the sarcophagus
adorned dentures, fixed interest rates,
and there’s no toga nor epaulet nor habit
to shroud you, a quadruped, obsequious
for thirty ancestral coins,
I dare to cover your nakedness.
It’s not true you sold yourself. You wanted
to dilapidate yourself so brusquely, totally:
a luxurious impossible.
                              You knew it,
you’ve always known it and as always
you’re plowing the sea. You were conceived
with the precise will to failure.

How is it you affirm, so gently, that now you’ll stay
in the tension of smiling at yourself
lifting your shoulders, dejected,
and telling yourself sarcastically, tenderly,
maybe tomorrow I really will. Maybe tomorrow...



Alguna vez amamos, o dijimos amar,
la terquedad sombría de tu fuerza.
La voz del padre enronquecía
al evocar calabozos, muchedumbres,
hombres desnudos vadeanodo el pantano,
llanto de mujer, un hijo
y más arriba (¿dónde arriba?)
el trapo contumaz de una bandera.
Supimos, lenta y vagamente,
que lo imposible te buscaba
extraviándote los pies
—aquellos pies de Hilda obsesionaron
a mis ojos de niño: su corteza
terrosa, vegetal, desconcertada
sobre la pulitura del granito.

Tal vez una tarde, entre los campos,
la música te deletreó de pronto
al lado de algún bosque, una colina,
un lago triste que se te parece:
la misma terquedad al revelarte
ávida no precisamente de nosotros
(los efímeros, los quizá, los transeúntes)
sino de tu patina absurda de grandeza
—esos sueños opulentos de la historia
que son más bien su horror, su pesadilla.

Ahora que te conoces vil, prostibularia,
porque tanta voluntad ecuestre
se apeó bajo el sol a regatear
y el héroe mercadeó con su bronce
y el oro solemne del sarcófago
adornó dentaduras, fijó réditos,
y no hay toga ni charretera ni sotana
que te oculten cuadrúpeda, obsequiosa
por treinta monedas ancestrales,
yo me atrevo a cubrir tu desnudez.
No es verdad que te vendiste. Tú anhelabas
dilapidarte brusca, totalmente:
un lujoso imposible.
                              Lo sabías,
siempre lo has sabido y como siempre
aras en el mar. Te concibieron
con voluntad precisa de fracaso.

Cómo afirmar, pasito, que hoy te quedas
en la dificultad de sonreírte
levantando los hombros, desganado,
y diciéndote con sorna, con ternura,
mañana sí tal vez. Quizá mañana...

{ Armando Rojas Guardia, Patria y otros poemas, Caracas: Editorial Equinoccio, 2008 }


Nada es impenetrable / Ida Gramcko

Nothing Is Impenetrable

When you close your eyes and see a dark valley
furrowed by residue or signals
the valley is growing like an everyday world
and it lives just like the one who nourished its image.
So it’s no longer anything but a life,
stubborn, possible, when the eye opens.
But everything’s, so clean in such a way!
If we get lost, it’s because we trust the trip.
There it is! And it’s the laughter.
She’s the one who comes out
of the body and lives, opening up, continuous,
lipless, even in the flight of birds.


Nada es impenetrable

Cuando cierras los ojos y ves un valle oscuro
surcado por residuos o señales
el valle va creciendo como un sólito mundo
y vive igual que quien nutrió su imagen.
Por tanto ya no es más sino una vida,
terca, posible, cuando el ojo se abre.
Pues todo es ¡de qué manera limpia!
Si nos perdemos, es por fe de viaje.
¡Allí va! Y es la risa.
Ella es la que se sale
del cuerpo y vive, abriéndose, continua,
sin labio, hasta en el vuelo de las aves.


{ Ida Gramcko, Poemas: 1947-1952, Caracas: Ediciones Letra Muerta, 2016 }


Cambia / Ida Gramcko


within your memory.
Remember yourself, a presence, and be quick,
volatile, vivid, impersonal, a person,
forgetting the death that takes root
like imagination and delays you.
Because the imaginary life is elsewhere,
it’s a howling life amidst the norm,
a ferocious life, practical magic
from the beyond... The clouds overflow
with lists of crayons and a sloop
lives like the curve in the waves.



dentro de tu memoria.
Recuérdate, presencia, y hazte rauda,
volátil, viva, impersonal, persona,
olvidando la muerte que se arraiga
como imaginación y te demora.
Porque es otra la vida imaginaria,
es una vida aullante entre la norma,
una vida feroz, práctica magia
del más allá... Las nubes se desbordan
con listas de creyón y una balandra
vive como la curva entre las ondas.


{ Ida Gramcko, Poemas: 1947-1952, Caracas: Ediciones Letra Muerta, 2016 }


Vida / Rafael Cadenas


annihilate me,
sweep away everything,
so the only thing left is
the empty husk, that won’t be filled again,
clean, clean without a scruple
and whatever you held up drop it
don’t hold on to anything.



barre todo,
que sólo quede
la cáscara vacía, para no llenarla más,
limpia, limpia sin escrúpulo
y cuanto sostuviste deja caer
sin guardar nada.

Intemperie (1977)

{ Rafael Cadenas, Obra entera, México DF, Fondo de Cultura Económica, 2000 }


He huido / Rafael Cadenas

I Have Fled

I have fled. I proclaim my escape, most generous heroes, but here I am. Actually, no one can flee. You and I are sentenced to glorify old wounds and return our daily cadaver to the waters. We truly remain. No one can escape. Everyone burns on the flames of their perplexities and incoherence. We must accept the flaming iron of birth as the shore we never depart. We will stay in this circle opening in the morning and closing at night, devouring our mirrors with volcanic jaws. And it’s not enough to reach the river and say: “give me back the golden axe my nannie gave me those purple days with” and then wait in the praised margins, nor prodigiously proclaim our inspiration to the fog, or close like a chest, in alliance with the night, the disgraceful raptures, like a day or an eyelid closes. It’s impossible to escape. We’re prisoners with amorous or defiant looks in our eyes, but oppressed by days the color of hake and our incapacity to name. Death is a nebula from whence we return to visit our possessions. Sleep doesn’t exist. There is only this hole we leave as we move so that another might occupy it by stretching or reducing its edges. And yet, we speak.


He huido

He huido. Proclamo mi fuga, héroes generosos, pero estoy aquí. En realidad nadie puede huir. Tú y yo estamos sentenciados a glorificar viejas heridas y a devolver a las aguas nuestro cadáver diario. Verdaderamente permanecemos. Nadie puede escapar. Todos se queman sobre el fuego de sus perplejidades y sus incoherencias. Hay que aceptar el hierro candente del nacimiento como la orilla de donde no partimos. Hemos de quedarnos en este círculo que se abre en la mañana y se cierra en la noche, devorando con fauces volcánicas nuestros espejos. Y no basta llegar al río y decir: «regrésame el hacha de oro con que regaló mi aya los días de púrpura» y esperar en los márgenes loados, ni prodigar nuestras inspiraciones a la niebla, ni cerrar como un cofre, en alianza con la noche, los inconfesables raptos, como se clausura un día o un párpado. Imposible fugarse. Somos prisioneros de mirada amorosa o desafiante, pero aherrojados por días color de merluza y nuestra incapacidad para nombrar. La muerte es una nebulosa de donde regresamos para visitar nuestras posesiones. El sueño no existe. Sólo hay este hueco que dejamos al movernos para que ensanchándolo o reduciéndolo otro lo ocupe. Sin embargo, hablamos.

Los cuadernos del destierro (1960)

{ Rafael Cadenas, Obra entera, México DF, Fondo de Cultura Económica, 2000 }


Al principio éramos muchos / Antonia Palacios

In the beginning we were many

In the beginning we were many. We were dispersed, hoping to touch and hear each other. The place was vast and we could barely manage a slight caress, a brief closeness. Some escaped. Others began to ignore the elements, they began to change their customs, silently hesitating, blind and breathless. Afterwards there were so few of us, barely two or three, trembling and very close. In the end just one. One so alone. And the broken wait began to extend itself over the desert.


Al principio éramos muchos

Al principio éramos muchos. Andábamos dispersos intentando tocarnos, escucharnos. El sitio era muy vasto y apenas alcanzábamos un leve roce, un fugaz acercamiento. Algunos se escaparon. Otros comenzaron a ignorar los elementos, comenzaron a cambiar costumbres tanteándose en silencio, ciegos y sin aliento. Después fuimos muy pocos, apenas dos o tres, muy juntos y temblando. Al fin tan sólo uno. Uno tan sólo. Y la febril espera comenzó a extenderse por encima del desierto.

Textos del desalojo (1973)

{ Antonia Palacios, Ficciones y aflicciones, Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1989 }


No me sublevo en mi largo reposo / Antonia Palacios

I don’t subvert myself in my long repose

I don’t subvert myself in my long repose. I don’t break the lair that hides me. I don’t want the days to warm my face. I don't pine for the angel of lost vision. I don't pray to the gods that sustain my speech. I don’t want the spaces and the fixed rooftops, nor the vast lodgings full of signals. I don’t want to see where my highest memory nests.


No me sublebo en mi largo reposo

No me sublebo en mi largo reposo. No rompo la bóveda que me tiene oculta. No quiero que mi rostro lo calienten los días. No clamo por el ángel de la visión perdida. No clamo por los dioses que me ayudan el habla. No quiero los espacios, ni los techos fijos, ni los vastos aposentos llenos de señales. No quiero ver donde se anida mi más alta memoria.

Textos del desalojo (1973)

{ Antonia Palacios, Ficciones y aflicciones, Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1989 }


Estoy aquí en lo oscuro / Antonia Palacios

I am here in the dark

I am here in the dark with my back to the light, forgetting the beginning, the day’s eternity. I am here ignored, the profile of my face lost in the shade. I am here diminished, barely a line, a point with no terrain. I am here leaning letting the night pass through me. Outside the immense eagles battle the wind in space. I am here waiting… And I gather my gestures, and my breath retreats, I muzzle my voice and all of me is an occult silence amidst the dark. I am here vigilant, keeping vigil fearfully for a wandering creature that has stopped within me.


Estoy aquí en lo oscuro

Estoy aquí en lo oscuro de espaldas a la luz, olvidando el comienzo, la eternidad del día. Estoy aquí ignorada, el perfil de mi rostro perdido entre la sombra. Estoy aquí disminuida, apenas una línea, un punto sin relieve. Estoy aquí inclinada dejando que la noche me pase por encima. Afuera en el espacio las águilas inmensas batallan con el viento. Estoy aquí aguardando... Y recogjo mis gestos, y repliego mi aliento, amordazo mi voz y toda yo soy silencio oculta entre lo oscuro. Estoy aquí vigilante, velando temerosa una criatura errante que en mí se ha detenido.

Textos del desalojo (1973)

{ Antonia Palacios, Ficciones y aflicciones, Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1989 }


Este infatigable ascenso / Antonia Palacios

This indefatigable ascent

This indefatigable ascent, and my arms tied, and my foot sinking, sinking into the abyss. I’m full of froth, coarse powders, ashes. Time slowly pulled out my hair. Final plans are dragged away by oblivion. My soul grows giant in dilated flight. Oh the blood that flows with no measure, infinite. Oh the blood that runs, escapes in the air, the blood of my origin lost already in the depths.


Este infatigable ascenso

Este infatigable ascenso, y mis brazos atados, y mi pie que se hunde, se hunde en el abismo. Estoy llena de espumas, de polvos ásperos, de cenizas. El tiempo lentamente me arrancó los cabellos. Los últimos designios los arrastra el olvido. Mi alma se agiganta en dilatado vuelo. Oh la sangre que brota sin medida, infinita. Oh la sangre que corre, que se escapa en el aire, la sangre de mi origen perdida ya en el fondo.

Textos del desalojo (1973)

{ Antonia Palacios, Ficciones y aflicciones, Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1989 }


Iba vestida por el caudal del viento / Antonia Palacios

I was wandering dressed by the wind’s flow

I was wandering dressed by the wind’s flow. I was naked girded by the air. I was moving without realizing I was being dragged by its immobile semblance. I was wandering by the open channel. I was passing by ancient skies always bordering the shores of grief. I was listening to the already consumed beating of another heart.


Iba vestida por el caudal del viento

Iba vestida por el caudal del viento. Iba desnuda ceñida por el aire. Iba sin saber que iba arrastrada por su inmóvil semejanza. Iba rodando por el cauce abierto. Iba pasando por antiguos cielos bordeando siempre las orillas del duelo. Iba escuchando los latidos del otro corazón ya consumidos.

Textos del desalojo (1973)

{ Antonia Palacios, Ficciones y aflicciones, Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1989 }


Abre los espacios / Antonia Palacios

Open the spaces

Open the spaces. Let the weightless matter slip through your fingers. Stretch the arc over your dreams. Stop in front of swollen time. Remember your distant irradiation, you, the forgetful one. Drop the nets over the sea in fires. The Tributary will arise from the ruins. He will come to extinguish your sleepless thirst. No, don’t bow. Don’t give in. The day is tall. Tall light. Don’t let the edge of the shade graze you.


Abre los espacios

Abre los espacios. Deja que resbale entre tus dedos la materia sin peso. Tiende el arco por encima de tus sueños. Detente ante el tiempo hendido. Recuerda tus lejanas irradiaciones, tú, la desmemoriada. Deja caer las redes sobre el mar en fuegos. De entre los escombros surgirá el Tributario. Vendrá a apagar la sed de tus desvelos. No te inclines, no. No te doblegues. Es alto el día. Alta la luz. No dejes que te roce el borde de la sombra.

Textos del desalojo (1973)

{ Antonia Palacios, Ficciones y aflicciones, Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1989 }


¿Dónde la anchurosa curva apenas iniciada? / Antonia Palacios

Where is the barely initiated spacious curve?

Where is the barely initiated spacious curve? Where is the exiled sun? This pale glow holds the secret to everything that’s been lost. Vacillating light, fearful of illuminating my darkness, of touching the limits of the quiet ordering of the shade.


¿Dónde la anchurosa curva apenas iniciada?

¿Dónde la anchurosa curva apenas iniciada? ¿Dónde el desterrado sol? Este pálido fulgor guarda el secreto de todo lo perdido. Luz vacilante, temerosa de alumbrar mi tiniebla, de tocar el límite del callado ordenamiento de la sombra.

Textos del desalojo (1973)

{ Antonia Palacios, Ficciones y aflicciones, Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1989 }


Cuando vagábamos por los caminos / Antonia Palacios

When we wandered the roads


Have the doors of death been revealed to you,
And have you seen the doors of the shadow of death?
JOB: 38:17

When we wandered the roads that seemed so open, we traveled with a desire as though a dense shade were pursuing us. The light was uncertain, in its beginning, in the ignored initiation. As we advanced without touching the air, the air was an augury, the morbid breath was already on its way from the depths. When we stopped, the resounding names, the refulgent space filled up with dust.



¿Hante sido descubiertas las puertas de la muerte,
Y has visto las puertas de la sombra de muerte?
JOB: 38:17

Cuando vagábamos por los caminos que parecían abiertos, íbamos anhelantes como si una densa sombra nos persiguiese. La luz estaba incierta, en sus comienzos, en la ignorada iniciación. Cuando avanzábamos sin tocar el aire, el aire era augurio, el malsano aliento venía ya desde lo hondo. Cuando nos detuvimos, los nombres resonantes, el refulgente espacio se llenó de polvo.

Textos del desalojo (1973)

{ Antonia Palacios, Ficciones y aflicciones, Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1989 }


Algo sucede / Harry Almela (1953-2017)

Something’s happening
beyond us

like a star
every night

for centuries
no longer there

something’s happening
in the streets

in the schools

in the great forests
we’ve never seen

in the bodies
we no longer are

in the voice we were
that afternoon
in the rainstorm

something’s happening
beyond us

in the rough trill
of the birds
that never come back

when any birth

everyone claims
as their own

the dead
you abandoned

on the spectral


Algo sucede
fuera de nosotros

como la estrella
que miente
cada noche

y hace isglos
ya no está allí

algo sucede
en las calles

en las escuelas

en los grandes bosques
que no conocemos

en los cuerpos
que ya no somos

en la voz que fuimos
aquella tarde
de aguacero

algo sucede
fuera de nosotros

en el áspero trino
de los pájaros
que no regresan

cuando se desvanece
cualquier nacimiento

todos reclaman
para sí

los muertos
que abandonaste

en el puente
del espanto

{ Harry Almela, La patria forajida, Caracas: Editorial Actum, 2006 }


Avisos / Rafael Cadenas


Pay no attention to the man with the claw. You should prefer the word that isn’t mutilated when it reaches you. What’s happening underneath with a soft circulation.

Let the unheard take your hand. Ignore the garrulous country. Watch.

Gestiones (1992)

{ Rafael Cadenas, Obra entera, México DF, Fondo de Cultura Económica, 2000 }


Anotaciones (selección) / Rafael Cadenas

Annotations (selection)

The modern poet speaks from insecurity.
He has no other foundation but life. A still voice probably speaks to him from inside: The era of causes is over. You can’t cling to religions, ideologies, movements, not even literary ones. Flags are finished. But this disillusion frees him to struggle in another key for what religions, ideologies, movements claim to defend: the religious, the human, what is valid.
That voice, so much like nihilism, could actually be the voice of life trying to bring us back.

What else do we expect from poetry but for it to make our living more alive?

Maybe the fragmentation of the world leads to the fragment, or on the contrary, to the ordering work. Right now I’m inclined toward this form of expression, what emerges unpretentiously alongside our days.

A man in an apartment in this city or in any other, struggles with words. He is one of thousands; I don’t know the proportion. Maybe there are others in other apartments, but there’s no clearer evidence: modern society long ago condemned the man of letters, the man with a passion for words, to a growing exile, but at the same time he has lost his voice. He can’t express himself. He lacks a language. He depends on clichés, stereotypes, noise.

A people without an awareness of language end up repeating the slogans of swindlers; in other words, they die as a people.

Readers of poetry seek, in the end, revelations.

Poetry can accompany man, who is now more alone than ever, not to console him but to make him truer. That’s why it tends to be dry, hard, sober. Besides, what consolation could there be?

A man who says or speaks himself with words full of angles, in a language close to the everyday (in the past it had to be “sublime”), this is the poet.

Poets don’t convince.
They don’t conquer.
Their role is another, far from power: to be contrast.

The poet lives far from the world where ideocracy rules.

I don’t distinguish between life, reality, mystery, religion, being, soul, poetry. These are words to designate the unnameable. The poetic is the life of all that, feeling what those words try to say.

I am prose, I live in prose, I speak prose. Poetry is there, not somewhere else. What I call prose is the speech of living, which is always cut through by mystery.

Why do we have to write poems?
We’re always expressing ourselves.
There are so many forms.
Living, while dreaming, laughing, being silent, in a conversation, a class, a gesture, a phrase.

He who speaks in a written text is absent; you can’t interrupt him, ask questions, make observations, comments. It’s a very peculiar dialogue of two solitary people, but so much more alive sometimes than many of our own conversations.

Modern poetry finds itself to a certain degree drowning in style, because of its precepts, though unformulated, more rigorous than traditional ones, for wanting to say without saying, which shouldn’t be confused with “parlar coperto,” because it frequently situates itself in an intransitiveness beyond the hermetic.


{ Rafael Cadenas, Obra entera, México DF, Fondo de Cultura Económica, 2000 }